LA UNCIÓN DE DIOS
Juan 12.1-8“Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis.”
Cuando hemos recordado en estos últimos días, retomamos conceptos demasiado trascendentales para el desarrollo y solidificación de nuestra vida cristiana, para el creer, para tener razones para vivir. Tal cual como se señalara diariamente a través de este sendero que llevó a Cristo a su muerte, en la vida y proceso de la vida cristiana se ocupa exactamente en lo mismo, primero deberá entrar Jesús en nuestro corazón, después ponerse a prueba nuestra vida cristiana para saber si es que somos de Dios o seguimos estancados en las cosas del mundo, una vez aprobados comienzan las luchas, (el porqué no hay fruto en mi vida, el por qué mi templo se ha corrompido y ve por las cosas materiales y las pruebas y luchas), continúa cuando dentro de nosotros hay controversia y duda, cuando aparecen fantasmas que nos hacen dudar de que éste es el verdadero camino, de que esta es la verdad, de que si realmente esto nos conducirá a la eternidad, y surgen la duda y la controversia, para después llegar a la paz a la intimidad en el espíritu. Y quiero decirles amados hermanos que Cristo nos capacita, nos guarda, nos arropa bajo sus alas, nos protege de los ataques satánicos que quisieran hacernos caer y tambalearnos y nos ha dicho: 1) vístete de mi autoridad, reviste tu espíritu de mi presencia,
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