|
Jesús regresó del Jordán lleno del Espíritu Santo. El Espíritu lo condujo al desierto, 2 donde el diablo lo puso a prueba durante cuarenta días. En todos esos días no comió nada, y al final sintió hambre. El Espíritu es protagonista en la vida de Jesús. El Espíritu, que ha descendido sobre Él en el bautismo, es quien lo lleva al desierto. No es una encerrona, sino algo que responde al plan de Dios. Jesús es el hombre lleno del Espíritu, totalmente “espiritual”. Cuanto más Espíritu, más humano, más libre y cuanto más humano, más espiritual. El desierto es lugar de búsqueda, de decisiones, de austeridad, de escucha, de discernimiento, de oración, de encuentro con uno mismo y con Dios. Como a Jesús, el Espíritu nos hace sentir hambre de servicio, de humildad, de compasión, de entrega, de confianza...
|