|
¿Cuándo cesará, Dios mío, de mi vida el sufrimiento?
¿Cuándo, Señor, el tormento? ¿Cuándo el hondo desvarío?
¿Cuándo, Señor, cesarán mis profundas aflicciones?
¿Cuándo mis duras prisiones en gozar se tornarán?
Si en tus bondades, Dios mío, la vida paso esperando, haz mi yugo suave y blando, que en tu amor y gracia fío.
Fuera tan grande ventura alcanzar el bien que anhelo, que, aun viviendo en triste suelo, gozar creyera tu altura.
¡Oh, Señor!, mi alma te adora; mi ser ante Ti se humilla, dobla ante Ti la rodilla el pecador que te implora.
Tú que atiendes amoroso del mortal dulce oración, mira, ¡oh Dios!, mi corazón apenado y congojoso.
¡Cuán dulces fueran los lazos que a Ti me unieran, Dios mío, si libre del mundo impío vivir pudiera en tus brazos!
¿Cuándo, Señor, me darás celeste dicha y ventura? ¿Cuándo esta humana criatura del sufrir arrancarás?
Escucha, ¡oh Dios!, mi clamor, mira mi pecho penado, llévame presto a tu lado, viva sintiendo tu amor.
Y en tu cielo, liberado de corrupción y tristura, gozaré dulce ventura suelto de humano cuidado.
|