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No sé si a ustedes les pasa lo mismo que a mí, pero en muchas ocasiones he deseado la semana pasara en solo dos días; es decir, he deseado que el martes ya fuera el viernes. ¿A cuantos le ha pasado esto alguna vez? Son en momentos como estos que nos encontramos diciendo cosas semejantes a "diera cualquier cosa para que sea las cuatro de la tarde el viernes." Uso el viernes porque la mayoría de las personas trabajan de lunes a viernes, pero en realidad se aplica a nuestro último día de trabajo. Pero la realidad de todo es que cuando pensamos un poco en el asunto, pronto podemos llegar a la conclusión de que sin darnos cuenta estamos haciendo dos cosas muy mal hechas. Primero, estamos deseando que nuestra vida se termine más rápido; y segundo, estamos asumiendo que tendremos el día de mañana. Es por eso que en el día de hoy deseo que estudiemos acerca del “mañana.” Pasemos ahora a la Palabra de Dios, y examinemos una de las parábolas de nuestro Señor Jesucristo que trata directamente con éste tema.
Lucas 12:16-21 – También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. 17Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? 18Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; 19y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. 20Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? 21Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.
Con ésta parábola el Señor nos enseña en lo que realmente debemos concentrarnos; aquí el Señor nos enseña acerca del día de mañana, y acerca de preocuparnos más de las cosas de éste mundo que en las cosas de Dios. Una gran realidad es que por naturaleza el hombre pospone para mañana todo lo que puede, especialmente si es un trabajo difícil de hacer.
Posponemos y posponemos las cosas hasta el último momento. Esto es especialmente verdad en cuanto a los trabajos manuales. Les puedo decir y tengo a mi esposa de testigo, que yo soy culpable de esto. El problema está en que muchos nos hemos acostumbrado a actuar de ésta manera y desdichadamente, en ocasiones actuamos igual cuando llega el tiempo de obrar para Dios. Al igual que el hombre en ésta parábola que se había acomodado con sus riquezas, muchos de nosotros nos hemos acostumbrados y acomodados en nuestra riqueza que es la salvación. Con esto no les quiero decir que no debemos estar cómodos en nuestra salvación, no les quiero decir que no confiemos en que un día estaremos ante la presencia de Dios, pero si les digo que existe un gran peligro en acomodarnos de tal manera que dejamos de hacer lo que nos ha sido encomendado. Se que les he repetido esto en numerosas ocasiones, pero es algo que todos debemos tener grabado en nuestra mente. Todos recibimos una mandato de nuestro Señor y esto es algo que queda bien claro en Marcos 16:15 cuando leemos, “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” Y éste mandato no es uno que podemos posponer; En otras palabras, obrar para Dios no se puede dejar para mañana. Permítanme ponerles un ejemplo para que puedan entender bien el tema de hoy.
No sé a cuantos de ustedes les ha sucedido esto, pero tal parece que el día cuando más cansados estamos, que el día cuando más agobiados o preocupados estamos, ese es el día cuando nos tropezamos con alguien que no habíamos visto en largo tiempo y de una manera u otra, la conversación se vuelve en una consulta psicológica. ¿A cuantos les ha sucedido esto? Encontramos que la persona nos comienza a hablar acerca de los problemas que ha tenido, está teniendo y los que se les están acercando. Escuchamos acerca de las necesidades y contratiempos; escuchamos de las decepciones y mentiras; escuchamos de situaciones por la que quizás nosotros hemos pasado, pero que a ésta persona le están sucediendo multiplicada por cien. Es mas o menos a cuando uno va a la consulta de un medico y hay muchas personas en la sala de espera hablando acerca de sus enfermedades. No sé si han prestado atención a las conversaciones, pero en ocasiones son una cosa cómica de escuchar. No me mal interpreten, no es nada cómico que una persona tenga una enfermedad o padecimiento, pero si es cómico cuando comienzan como una especie de competencia entre los enfermos.
Digo esto porque no es fuera de lo común escuchar cuando las personas se ponen a hablar de sus padecimientos, no importa la gravedad o seriedad de la enfermedad o padecimiento de una persona, siempre existe uno en el grupo que trata de sobrepasar todo para ser el más enfermo de todos. Como les dije, nunca falla que cosas semejantes nos pasen en el día que menos tenemos ganas de escuchar acerca de los problemas y necesidades de otros.
Pero cuando tomamos el tiempo de analizar la situación, no es difícil discernir que lo que Dios ha hecho es proporcionarnos un momento para que podamos cumplir con Su mandato. Si estamos hablando con un creyente que se ha apartado, entonces debemos reconocer que Dios nos ha proporcionado la oportunidad para que le hablemos y le guiemos nuevamente al único lugar donde podrán recibir la paz que buscan. Si estamos hablando con alguien que aun no conoce a Cristo, entonces debemos reconocer que Dios nos ha proporcionado la oportunidad para que le demos palabras de aliento a esa persona y le llevemos el mensaje de salvación. Como les dije, puede ser que ese día no sea el mejor día que hemos tenido; puede ser que ese día sea el día cuando menos capacitados pensamos que estamos; puede ser que ese día sea el día que mas débiles nos encontramos; pero recordemos lo que nos dice la Palabra en 2 Corintios 12:9 cuando leemos “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.” ¿Qué significa esto? Esto nos ilustra claramente que en ese momento cuando nosotros pensamos que estamos los menos capacitados debido a que estamos preocupados con nuestras situaciones, Dios derrama una bendición. Pero desdichadamente muchos no reconocen lo que Dios está haciendo y le decimos, no, ahora no, mañana.
Estoy seguro que si Dios dijera que en éste mismo instante Él iba a derramar una bendición sobre alguno de nosotros, ya sea sanidad, progreso financiero, o cualquier otra cosa, todos aquí la aceptaríamos al momento. ¿Cuantos rechazarían una bendición de Dios en éste instante? Claro está en que ninguno de nosotros le diríamos que no a Dios. Pero cuando decidimos dejar para mañana la obra de Dios, esto mismo es lo que estamos haciendo. Cuando decidimos dejar para mañana la obra de Dios, en esencia estamos rechazando la bendición que Dios tenia para nosotros.
El rechazo de las bendiciones de Dios en la mayoría de los casos se debe a que al igual que éste hombre, muchos de nosotros nos hemos acomodados de tal manera en saber que somos salvos que nos hemos acostumbrados a asistir a la iglesia y recibir; hacemos igual que el hombre en la parábola. En otras palabras, decidimos disfrutar y planear el día de mañana sin consultar a Dios. Fíjense bien en éste detalle cuando leemos, “Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? 18Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; 19y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.” El problema que existe es que cuando nos acomodamos de tal manera en nuestra vida cristiana, cuando nos acomodamos de tal manera en la iglesia, entonces dejamos de reconocer las oportunidades que Dios provee para que obremos en Su reino. ¿Qué sucede entonces? Lo que sucede con más frecuencia es que cuando a nosotros llegan personas heridas o perdidas, lo que hacemos es que nos limitamos a escuchar. Si se nos pide, damos una opinión o consejo, pero posponemos hablar acerca de la verdadera solución a todo problema, agobio y preocupación. Posponemos hablar acerca de Cristo Jesús, el verdadero camino verdad y la vida, el verdadero descanso y paz que existe en el mundo. ¿Por qué posponemos hablar acerca de Dios?
Lo posponemos porque escuchamos esa vocecita en nuestra mente que nos dice que ésta persona está muy preocupada para prestar atención al mensaje de salvación; escuchamos esa vocecita que nos dice que estamos muy cansados o preocupados para hablar acerca de Dios.
Pero les digo en el día de hoy que tenemos que reprender esa vocecita, porque no es nada más que una mentira de nuestro enemigo. Esa vocecita es la que nos detiene ser obreros eficaces en la obra de Dios. Al igual el hombre en ésta parábola pensamos que siempre tendremos el día de mañana, pero como el Señor escogió revelarnos aquí, el día de mañana puede ser que no llegue. Y no podemos pensar en que el día de mañana no nos pueda llegar a nosotros exclusivamente, sino también tenemos que pensar que el día de mañana quizás no le pueda llegar a esa persona que Dios nos ha enviado. Nunca nos olvidemos de lo que nos enseña la Palabra acerca de la vida según encontramos en Santiago 4:13-15 cuando leemos “!!Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; 14cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” Quizás algunos piensen que estoy un poco obsesionado con la idea de la muerte, pero la realidad de todo es que diario numerosas personas se quitan la vida debido a que piensan que no existe esperanza o soluciones a sus problemas. A diario numerosas personas se quitan la vida debido a que nunca escucharon como el Señor les dice según encontramos en Mateo 11:28 cuando leemos, “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” También existen todos aquellos que siendo creyentes contemplan la idea del suicidio porque han perdido la fe o su fe esta flaqueando. Estos son los casos más graves que podemos pensar, pero también existen numerosas personas que caen en diferentes tipos de pecado porque no han tenido a alguien que les revele la verdad. Esto es algo que sucede porque a muchos se las ha olvidado lo que encontramos en Romanos 15:1-2 cuando leemos, “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. 2Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.” En otras palabras, no han tenido a alguien que éste dispuesto a ayudarles a recuperar sus fuerzas, y fortalecer su fe. No han encontrado a personas dispuestas a hacer según encontramos en Gálatas 6:1 cuando leemos “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.” A diario numerosas personas se apartan de los caminos del Señor; algunos en rebeldía y otros porque son heridos. Pero también existen muchos que se pierden porque existe un buen grupo de creyentes que piensan que mañana tendrán el tiempo de hablar acerca de Cristo. Como les dije, nos sentimos cómodos en las riquezas que hemos acumulado y planeamos el día de mañana.
El hombre en ésta parábola había acumulado riquezas en la tierra, tenia numerosas posesiones y pensaba que mañana podría disfrutarlas. Pero pensemos en esto un momento, ¿qué es una riqueza para nosotros? Aquí claramente sé esta hablando acerca de posesiones materiales, pero la realidad de todo es que la riqueza puede ser mucho más de eso. Una riqueza para algunos de nosotros puede ser que se nos tenga en alta estima, puede ser que se piense bien de nosotros en todo momento; que nuestras amistades, familiares y conocidos no piensen que nosotros somos unos religiosos fanáticos. Una riqueza para nosotros puede ser el dormir la mañana completa, él tomarnos unos días libres del trabajo, ¿verdad? En si, una riqueza para nosotros puede ser muchas cosas, pero cuando la riqueza ocupa el lugar que tenemos que darle a Dios en nuestra vida, entonces actuamos igual que el hombre en ésta parábola, le damos más importancia a las cosas del mundo que a las cosas de Dios. Nos preocupamos en almacenar las riquezas en la tierra y perdemos de vista lo importante, perdemos de vista que nuestras riquezas y tesoro no son en la tierra sino en el cielo con nuestro Padre celestial. Se nos olvida o simplemente ignoramos lo que el Señor nos dice en Mateo 6:19-21 cuando leemos, “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”
Cuando posponemos las cosas de Dios, cometemos un gran grave error. Cuando decimos en nuestro corazón que mañana tendremos el tiempo de evangelizarle a una persona, que mañana tendremos el tiempo de testificar, que mañana tendremos el tiempo de arrepentirnos, que mañana tendremos el tiempo de obrar para la iglesia, simplemente estamos haciendo planes sin contar con Dios. Una gran realidad es que ninguno de nosotros conocemos cuando Él nos llamara a descansar. Todos asumimos que tendremos el mañana, pero el mañana puede ser que no llegue. No podemos dejar las cosas de Dios para mañana. ¡La hora de obrar para Dios es ahora! El tiempo de cumplir con el mandato de Dios es ahora. Ahora es cuando Él quiere que seamos obreros fieles, ahora es que Él quiere que evangelicemos a las naciones, ahora es cuando Él quiere que testifiquemos de su poder y gracia, ahora es que Él quiere utilizarnos para glorificarse. El día de hoy es el que importa para nosotros.
Para concluir. En muchas ocasiones contamos las bendiciones de Dios según nuestra necesidad material. Hacemos esto porque no nos damos cuenta que las bendiciones de Dios son mucho más que esto. Nos acomodamos en saber que hemos recibido la salvación, y estamos contentos en asistir a la iglesia los domingos. Ésta comodidad en muchas ocasiones nos aleja de la voluntad de Dios, y no nos deja ver las oportunidades que Él nos provee para que le sirvamos de bendición a otro. Ésta riqueza, porque cuando tenemos la salvación somos los más ricos en todo el mundo, en muchas ocasiones nos convierte en haraganes cuando llega el tiempo de obrar para Dios, y a consecuencia decimos "mañana." Pero cuando esta palabrita llegue a nuestra mente, cuando esa vocecita nos hable diciendo que no somos dignos, que estamos muy cansados, que tenemos suficientes problemas nuestros sin echarnos los de los demás, que esa persona no necesita oír el evangelio, que esa persona esta muy atormentada para escuchar, cuando le vayamos a dar más importancia a nuestras comodidades o riquezas que a Dios, recordemos las palabras del Señor. "Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios." Busquemos siempre ser ricos para Dios.
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