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La semana pasada compartimos un estudio que nos forzó a reflexionar en nuestro compromiso con Dios. Fue un mensaje que nos hizo pensar en la manera que actuamos y pensamos. Fue un mensaje donde examinamos la importancia de darle a Dios la prioridad que Él merece en nuestra vida. Creo que todos aquí pudimos ver que cuando ponemos a Dios por encima de todas las cosas, entonces nuestro diario vivir se nos hace mucho más fácil. ¿Por qué sucede esto? Esto sucede porque cuando ponemos a Dios por encima de todas las cosas, en si lo que estamos haciendo es que estamos edificando nuestra vida en la fundación firme, quien es Cristo Jesús. Una de las tragedias más grandes en la iglesia de hoy son las personas que profesan a Cristo, pero no caminan con Cristo. Existen millones de personas que se bautizan, visitan la iglesia semana por semana, pero no viven para Cristo. No viven vidas justas, no viven vidas rectas, y no entregan lo mejor de ellos para llegar a aquellos que están necesitados. ¿Por qué sucede esto? Esto sucede porque existen muchos dentro del Cuerpo de Cristo que sufren de una enfermedad grave. Una enfermedad que les produce una perdida lenta, que tarde o temprano les conducirá a una caída abrupta. ¿Existe algo que se puede hacer para prevenir esto? Pasemos ahora a la Palabra de Dios para encontrar la respuesta.
Marcos 5:24-29 - Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban. 25 Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, 26 y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, 27 cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. 28 Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. 29 Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.
Estoy seguro que la mayoría, sino todos aquí hemos leído estos versículos, ¿verdad? Y sin duda alguna todos podemos decir que es un recuento de uno de los milagros de Jesús, ¿verdad? Pero les digo en el día de hoy, que aunque es un recuento de uno de los milagros de Jesús, en ellos existe un mensaje mucho más profundo. Digo esto porque en estos versículos encontramos una buena descripción, de la enfermedad que les mencione. En estos versículos encontramos una buena descripción de la condición espiritual de muchas personas dentro de la iglesia. Examinemos ahora estos versículos detalladamente para determinar si lo que les digo tiene sentido. En este punto de la historia Jesús ya había hecho milagros, y Sus enseñanzas y reputación crecían por día. Por donde quiera que Él pasaba, todos los que habían escuchado de Él venían a verle. Es por eso que en el primer versículo que leímos en el día de hoy nos dice: “y le seguía una gran multitud, y le apretaban.” Me imagino que la mayoría de las personas en esa multitud fueron a verle por curiosidad. En otras palabras, fueron para ver si lo que habían oído acerca de este hombre era verdad. En realidad esto no es muy diferente a lo que sucede hoy en día, digo esto porque la mayoría de las personas que se convierten a Cristo, su primera visita a una iglesia evangélica casi siempre es para satisfacer una curiosidad. Este fue el caso aquí, seguramente que dentro de la multitud existían algunos que tenían fe, pero también estoy seguro que la mayoría de los que salieron a verle lo hicieron para satisfacer su curiosidad.
Como les dije hace un momento, en estos versículos encontramos una revelación de la condición espiritual de muchas personas dentro del Cuerpo de Cristo. Digo esto porque existen muchas personas que tal como esta multitud le siguen, pero no le siguen por fe sino para ver que pasa. La Palabra nos dice “y le seguía una gran multitud” Esto es algo que se encuentra mucho en las iglesias, encontramos que existen numerosas personas que siguen a Cristo, y por supuesto esto es algo muy bueno, este es el primer paso. Pero seguirle solamente no es suficiente. Dios no desea que solamente sigamos a Cristo, Dios desea que caminemos a Su lado (Colosenses 3:2-4.) Pero la mayoría de los creyentes cometen el error de pensar que con simplemente seguirle cumplimos. Muchos le siguen por curiosidad, le siguen para ver que pasa, le siguen como decimos los cubanos, por si las moscas. En si le siguen por diversas razones, pero el problema esta en que no le siguen con una fe genuina.
Continuando con la lectura vemos que nos dice: “Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, 26 y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor.” Pensemos en esto por unos momentos y veamos si esto también se aplica a la vida de muchas personas. No tenemos que pensar mucho en esto para ver que aquí encontramos la descripción de muchas personas que todavía no conocen a Cristo, ¿verdad? Pero en estos versículos también encontramos una buena descripción de la condición espiritual de muchos creyentes. Pensemos en esto por unos momentos y veamos si lo que les digo tiene sentido.
Estoy seguro que la mayoría de nosotros si no todos, en un punto de nuestra vida nos encontramos tal como esta mujer. Sabíamos que estábamos mal, sabíamos que tenía que haber algo más; existía un vació en nuestro ser. Tal como esta mujer, buscábamos la solución en las manos del hombre, pero no la encontrábamos. Estoy seguro que muchos de nosotros si no todos tratamos por todos los medios habido y por haber de encontrar un descanso, hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance, pero las cosas nunca mejoraron sino empeoraron, ¿verdad? Si nos fijamos en nuestro alrededor, pronto nos daremos cuenta de que existen muchas personas en este mundo que buscan llenar ese vació que sienten, pero nunca lo pueden lograr. Muchos son los que buscan llenar ese vació con las drogas, con el alcohol, en las religiones, y asta en los poderes de la tinieblas. Pero por mucho que busquen, la solución nunca será hallada en ninguno de esos lugares. Ninguna de esas cosas es capaz de llenar el vació que existe en el corazón del hombre. Solo existe una cosa capaz de esto, solo existe una persona en este mundo capaz de entregarnos la paz, el amor, y el descanso que tanto se anéala, y su nombre es Cristo Jesús (Mateo 11:28; Juan 14:27.) Una vez que le aceptamos como nuestro Rey y Salvador personal, Él llena ese vació. El Espíritu Santo comienza a guiarnos y a darnos convicción de pecado, y comenzamos a seguir a Jesús, pero seguirle no es suficiente, tenemos que caminar con Él.
Fíjense bien en un detalle. En estos acontecimientos vemos que esta mujer sabia exactamente lo que le afectaba, la Palabra nos dice que ella “padecía de flujo de sangre.” Sin duda alguna podemos ver que ella sufría debido a una condición física, una enfermedad con síntomas, pero les digo en el día de hoy que existen muchos creyentes que tal como esta mujer sufren de una enfermedad no física, sino espiritual. Esta mujer sufría de una perdida, y les digo que existen muchos dentro del pueblo de Dios hoy en día que sufren de lo mismo. Existen muchos creyentes que se pierden las bendiciones que Dios derrama sobre Su pueblo, y lo único que pueden hacer es preguntarse ¿por qué? A ti que te preguntas ¿por qué? te digo que es porque en tu vida existe una perdida. En el caso de esta mujer vemos que tenia una perdida de sangre; vemos que sufrió de este padecimiento por mucho tiempo. Hermanos, tal como esta mujer existen muchos creyentes que sufren de una pérdida espiritual, y que han estado sufriendo por largo tiempo. Es por esta misma razón que predico con frecuencia la importancia de examinar nuestra vida, nuestra manera de ser, nuestra manera de comportarnos, y nuestra manera de pensar. Lo hago porque si no hacemos esto nunca encontraremos nuestros errores y faltas, nunca encontraremos donde esta nuestra perdida.
Permítanme ilustrarle este punto de otra manera. Digamos que salimos del templo y vemos que el neumático de nuestro automóvil esta bajo de aire. ¿Cuál seria el primer instinto de muchos de nosotros? Si no nos mentimos a nosotros mismos, yo diría que lo primero que haríamos es llegar a la gasolinera más cercana y le echaríamos aire y seguiríamos nuestro camino, ¿verdad? Entonces, ¿qué sucede? Puede ser que lleguemos a nuestro destino sin problema, puede ser que todo aparente estar bien, pero tarde o temprano el neumático se quedara sin aire. Quedara sin aire porque nunca tomamos el tiempo de buscar el salidero, nunca tomamos el tiempo de repararlo. Puede ser una cosa lenta, pero tal como puede ser un proceso lento también puede ser una cosa inmediata. Puede ser que vallamos en camino y de repente se desinfle el neumático, perdamos control momentáneamente del vehículo y tengamos un accidente. ¿Dirían ustedes que esto puede suceder? ¿Le ha sucedido a alguien alguna vez? Pero, ¿por qué sucedió? Sucedió porque no se tomo el tiempo de reparar el salidero cuando se tuvo la oportunidad.
Sé que ya deben estarse diciendo, muy bien pastor revisaremos los neumáticos de nuestros automóviles en cuanto salgamos. Pero no les he venido a traer una clase de mecánica, hoy estamos examinando nuestra vida espiritual. ¿De que salidero les hablo entonces? Les estoy hablando acerca del salidero que existe en la vida de muchas personas, el salidero que es el pecado. Tal como en el caso del neumático, si no reconocemos donde esta el pecado en nuestra vida, si no reconocemos donde está la falta en nuestro compromiso con Dios, eventualmente llegara el momento cuando nos encontraremos vacíos espiritualmente. Puede ser que tratemos de llenar el vació hiendo a la iglesia una vez por semana, puede ser que tratemos de llenar el vació hiendo a la iglesia dos veces por semana, pero eso no es la solución, eso es solo religiosidad.
Ahora, no me mal interpreten, asistir a la iglesia es algo bueno, y a eso estamos llamados. Cuando asistimos a la iglesia, y compartimos con nuestros hermanos, cuando alabamos a Dios de un mismo corazón, y cuando escuchamos Su santa y divina palabra somos llenados nuevamente. En otras palabras, es como lo que hicimos con el automóvil cuando fuimos a la gasolinera más cercana y le echamos aire al neumático. Cuando vamos a la iglesia recibimos una inyección temporaria, pero aquí está el problema, en está pequeña palabra “temporaria.” La realidad del caso es que si no arreglamos el problema, tarde o temprano nos vamos a ver en un camino desolado y oscuro, nuestra vida espiritual ponchada. Si no arreglamos el salidero tarde o temprano, cuando menos lo esperemos, todo a nuestro alrededor se vendrá abajo, y nuestra familia, amistades, esposo, esposa, hijas, hijos, todo pero todo será afectado. ¿Cómo podemos arreglar el salidero antes de que esto suceda? Fijémonos bien lo que hizo esta mujer, aquí para encontrar la respuesta a esta pregunta. La Palabra de Dios nos dice: “cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto.” En este pequeño versículo existen tres pasos a seguir muy importantes.
Primero, ella “oyó hablar de Jesús.” Les pregunto, ¿cuántos han oído que Cristo es la solución? Pero la pregunta más difícil a contestar es ¿cuántos están convencidos de que Él es la solución? Muchos de nosotros hemos oído de Cristo, oímos y oímos, pero en realidad no escuchamos. Oímos y oímos pero no estamos convencidos. Este es un salidero que existe en la vida de muchos. Muchos son los que no están completamente convencidos que Él es la solución. Así que el primer paso es estar completamente convencido de que Él es la solución. Tenemos que eliminar toda duda (Mateo 21:21.)
Segundo, aquí leemos que ella “vino por detrás entre la multitud.” En otras palabras, ella tuvo que abrirse camino entre la multitud que la separaba de Jesús. No sé a cuantos le ha tocado hacer esto, no sé a cuantos les ha tocado tener que abrirse paso entre una gran multitud, pero les puedo decir que no es nada fácil. No hay nada más desesperante que tratar de llegar a un punto específico y que muchas personas estén atravesadas y no deseen moverse. Estoy seguro que este fue el caso aquí. Estoy seguro que ella no dijo “permisito por favor” y todos se apartaron a un lado y le abrieron camino. Estoy seguro que ella tuvo que abrirse camino a empujones, codazos y pisotones. Estoy seguro que no le fue nada fácil, tuvo que batallar y forcejear todo el camino hasta llegar a Él. Existen muchos que se encuentran mirando a Jesús de lejos sin poder llegar a Él. Es por eso que debemos examinarnos y preguntarnos, ¿qué multitud nos separa a nosotros de Jesús? Muchos son lo que le ven, y le escuchan a través de Su santa y divina Palabra, pero no logran llegar a Él. Pero, ¿por qué no? No logran llegar a Él porque existen obstáculos que se tienen que superar; no logran llegar a Él porque existen barreras que se tienen que romper; no logran llegar a Él porque existen murallas fortificadas que tienen que ser derrumbadas; no logran llegar a Él porque existen multitudes que hay que atravesar. Esto fue exactamente lo que hizo está mujer cuando ella “vino por detrás entre la multitud.” Desdichadamente no todo creyente tiene esta determinación. No todo creyente esta dispuesto a hacer como esta mujer. No todo creyente está dispuesto a empujar todo a un lado. No todo creyente está dispuesto a abrirse un camino derecho y recto a Jesús. Pero es esto mismo lo que se tiene que hacer.
Para poder vencer tenemos que poner de nuestra parte (Santiago 4:7.) Tenemos que reflexionar en nuestra vida, y encontrar los fallos. Tenemos que empujar todo a un lado y abrirnos el camino hacia donde Él se encuentra. No es suficiente seguirle, tenemos que caminar a Su lado (Isaías 55:7.) Pero para poder caminar a Su lado primero tenemos que abrirnos el camino. Tenemos que abrirnos paso de en medio de esa multitud que nos separa, esa multitud de espíritu religioso, esa multitud de vicios, esa multitud de rencores, esa multitud de celos (Proverbios 3:6; 16:25.) Tenemos que abrirnos paso de en medio de esa multitud de cosas que el enemigo ha puesto y continua poniendo entre nosotros y Dios. Continua porque su gran deseo y misión es la de separarnos de la voluntad de Dios, su gran deseo es de prevenir que nosotros recibamos las bendiciones de Dios. Creo que si nos ponemos a enumerar todas las cosas que se pueden presentar como obstáculo en nuestra vida espiritual para separarnos de la voluntad de Dios, nunca tendríamos para cuando acabar. Así que el segundo paso a seguir es reconocer que nosotros mismos tenemos algo que hacer.
Tenemos que examinarnos y ver lo que nos separa a nosotros individualmente, y eliminarlo de nuestra vida.
Tercero, leemos que ella “tocó su manto.” Pero, ¿cómo lo toco? La Palabra aquí nos dice: “Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.” En otras palabras lo toco completamente convencida, lo toco sabiendo que Él le sanaría. ¿Cuál fue el resultado de su fe? “Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.” Con solo tocar Su manto ella quedo completamente sana. Con solo tocar Su manto esa aflicción de la cual sufrió por tantos años quedo completamente sanada. Así que el tercer paso a seguir aquí es llegar a Su santa y divina presencia confiadamente (Hebreos 4:16.)
Para concluir. Desdichadamente, existen muchos en el cuerpo de Cristo que se encuentran en la misma situación que se encontraba esta mujer. Existen muchos que se encuentran sufriendo y penando, buscando y tratando, pero las cosas no les van nada mejor. Existen muchos en el Cuerpo de Cristo que sufren a causa de una perdida, una perdida causada por el pecado y o la falta de fe. Esta es la enfermedad de la sufren muchos, la enfermedad la cual padecen sin poder encontrar solución. Pero en el día de hoy les digo que Cristo esta presente. Él está aquí para sanar tu espíritu, Él está aquí para eliminar tu dolor, Él está aquí para que hoy recibas las bendiciones que el Padre tiene para ti. No le permitas al enemigo que ponga una multitud en el medio. No dudes que Él está presente, se valiente y atraviesa por en medio de las situaciones, se valiente y ábrete camino, llega a Él toca Su manto y serás sanado.
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