|
Reflexionando en la correspondencia electrónica que recibo a diario a través del Internet, me di cuenta de algo bastante alarmante. Como ustedes saben, nuestro ministerio en el Internet es bastante popular. A diario recibimos una enorme cantidad de visitas, y a diario recibimos peticiones de oración, y como todos ustedes saben, antes de finalizar el servicio, aquí todos nos unimos en oración al Padre, a través de su hijo amado, y nuestro Rey y Salvador Jesucristo, rogándole que se glorifique en la vida de todos nuestros hermanos que nos piden oración. Poder orar por nuestros hermanos es una gran bendición, y es algo que hacemos de corazón y con toda nuestra fe. Pero, como les dije, reflexionando en las peticiones que recibimos, me di cuenta que un gran porcentaje de los creyentes no ven sus hogares de la misma manera que ven la iglesia. En otras palabras no ven sus hogares como un lugar santo. Lo que sucede es que la mayoría de los creyentes han infravalorado y subestimado el propósito de Dios para el hogar y la familia. Digo esto porque un gran porcentaje de las familias cristianas ejercitan la espiritualidad solamente en la iglesia. Un gran porcentaje de las familias cristianas ejercitan el poder de la oración solamente en la iglesia.
Hermanos, es triste decirlo, pero existe un enorme numero de familias cristianas que solamente son cristianas una o dos veces por semana cuando llegan al templo, y después no se acuerdan más de Dios hasta el próximo día de servicio. Este es el tema que deseo que estudiemos en el día de hoy. Hoy deseo que examinemos nuestro hogar y nuestra familia. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.
Josué 24:14-15 - Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. 15 Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.
Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para su pueblo, nos será necesario hacer un breve recuento de historia. Cuando estudiamos la historia del pueblo judío, encontramos que Dios eligió a Moisés para liberarles de la esclavitud en Egipto, y guiarles hacia la tierra prometida, y después de la muerte de Moisés, Dios eligió a este joven llamado Josué como el nuevo líder de Su pueblo. Dios no hizo esto levemente; Dios lo escogió porque él siempre se mantuvo fiel a Su palabra. Dios lo escogió porque Josué confiaba completamente en Él (Números 14:6-8.) Esta confianza y esta lealtad fue recompensada por Dios, y Josué guió a este pueblo a conquistar la tierra prometida (Josué 11:23.) Treinta y un rey y sus ciudades fueron derrotadas; Israel conquisto toda la tierra al este y al oeste del rió Jordán (Josué 12:1-24.) Todo esto lo pudieron hacer porque Josué se mantuvo fiel a Dios, y confiaba en Su palabra. Esto todo nos conduce más o menos a este punto de la historia.
Estos versículos que estamos empleando en el día de hoy forman parte del discurso final de Josué. En este punto de la historia Josué ya era de edad avanzada y estaba a punto de morir (Josué 23:1.) Pero antes de morir Josué tenia una ultima advertencia a este pueblo, y es una advertencia que nos sirve muy bien a todos nosotros. Con esto en mente continuemos ahora nuestro estudio de hoy.
En el primer versículo que estamos estudiando en el día de hoy vemos que Josué les dijo, “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.” Josué le hablo estas palabras a ese pueblo porque él conocía muy bien sus debilidades; él sabía lo idolatra que ellos habían sido; él sabía lo rebelde que habían sido, y él quería que esos errores no sucedieran nuevamente. Fíjense bien como él dijo aquí, “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad.” Al leer esto rápidamente muchos piensan que Josué esta diciendo que le tengamos miedo a Dios, pero este no es el caso. Esta palabra “temed” viene de la palabra Hebrea “yare” que significa reverencia, honor, y respeto. Así que Josué no dice que le tengamos miedo a Dios, sino que le honremos, y que respetemos sus mandamientos y enseñanzas.
Pero esto es algo que tal parece se les olvida a muchos creyentes. Esto es algo que no es demostrado en el hogar, en la familia, y en el diario vivir de muchos que proclaman vivir en el reino de Dios. Como les dije el hogar cristiano ha decaído en gran manera, y es por eso que no es fuera de lo común ver como algunos que profesando ser cristianos aun sostienen tradiciones, imágenes, ídolos, y otras muchas cosas que bien saben que son abominación a Dios (Éxodo 20:3-5.)
Josué dijo “servidle con integridad y en verdad.” Pero esto es algo que muchos fallan hacer. Hermanos no podemos considerarnos parte del cuerpo de Cristo si no estamos sirviéndole de esta manera. No podemos considerarnos cristianos si solamente oramos cuando llegamos a la iglesia. No podemos considerarnos cristianos si solamente alabamos y bendecimos su santo nombre al entrar por las puertas del templo. Claro esta en que es muy bueno hacerlo en comunión con nuestros hermanos en la fe, y a eso estamos llamados (Hechos 2:41-42; 1 Corintios 1:9-10.) Pero este no es el único tiempo. En la iglesia compartimos con nuestros hermanos, en la iglesia entramos en comunión con el resto del cuerpo de Cristo, pero nuestra comunión con Dios tiene que ser constante (Hebreos 10:22-24; 1 Corintios 15:58.)
Si en nuestro hogar no estamos enseñando a nuestros hijos, familiares, y parientes, a orar, y a conducir vidas en santidad, entonces no estamos sirviendo a Dios con integridad y en verdad. Si estamos permitiendo que las cosas de este mundo, si estamos permitiendo que lo que puedan decir, si estamos permitiendo que lo que puedan pensar, si estamos permitiendo de lo que puedan hacer, nos detenga de lo que tenemos que hacer, entonces no estamos sirviendo a Dios con integridad y en verdad. Fíjense bien como dice la segunda parte de este versículo; aquí nos dice “y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.” Aquí Josué se estaba refiriendo a los dioses que ese pueblo una vez servia, a dioses hechos de madera o piedra, dioses hechos por el hombre sin poder alguno (Deuteronomio 4:12; 28.) Pero les digo en el día de hoy que aun existen muchos dioses en los hogares de muchos creyentes. Quizás algunos digan “bueno pastor eso no es conmigo, yo no tengo nada de eso en mi casa.” Quizás no tengas nada de eso en tu hogar, pero detengámonos aquí por un breve instante para descubrir si estamos sirviendo a dioses de este mundo.
Preguntémonos, ¿servimos al dios material? El materialismo es un problema que prevalece en un país como el nuestro, porque en lugar de poner nuestra confianza en el Señor, confiamos en nuestra cuenta bancaria o en nuestros ahorros, en nuestra educación, y en nuestras posesiones. Esto nos conduce a pasar la vida entera persiguiendo lo material, y nos parece que nunca tenemos lo suficiente. Preguntémonos, ¿servimos al dios de la ambición? La realidad es que muchos permiten que sus carreras y sus ambiciones se conviertan en su dios. Muchos son los que se preocupan más en el obtener éxito en su carrera o profesión, que en vivir vidas según Dios.
Muchos son lo que comprometen sus principios y fundamentos cristianos por el amor al dinero. En otras palabras, se preocupan muy poco o nada por la obra del Señor y dedican la mayor parte de sus esfuerzos buscando la prosperidad económica y la satisfacción de sus ambiciones (Colosenses 3:2.)
Te pregunto ahora, ¿cuándo fue la última vez que convocaste a tu casa a una oración? ¿Cuándo fue la última vez que le dedicaste tiempo a Dios con tu familia para compartir su Palabra? Estas no son preguntas para que me las contesten, pero si que nos hacen reflexionar, ¿verdad? Quizás algunos traten de justificar sus faltas en su mente diciendo “no me alcanza el tiempo.” Pero si dices así, entonces el dios que tú sirves es el tiempo. Si en tu hogar no se ora con frecuencia, si tu familia no se une para alabar a Dios, si no enseñas a tus hijos a vivir vidas rectas y en santidad, entonces en tu casa no hay solamente un dios de este mundo, tu casa esta llena de dioses y te digo en el día de hoy que ha llegado el momento de escoger.
Fíjense bien como lo dijo Josué; el dijo “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis.” En otras palabras Josué les dijo, la decisión es tuya, y nadie la puede hacer por ti. Pero Josué ya había tomado una determinación, y es la determinación que todos debemos tomar. Josué dijo “pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Tenemos que aceptar la responsabilidad que conlleva el ser Cristiano. En la iglesia nos reunimos, en la iglesia compartimos, pero el compromiso con Dios, y la santidad comienza en el hogar. La iglesia es un lugar santo, y tu casa también lo tiene que ser (Deuteronomio 6:4-9.)
Josué dijo: “Yo y mi casa.” En otras palabras lo que estamos viendo de parte de Josué es un compromiso genuino con Dios. Como líder de su hogar, como cabeza de su familia, él declaro que nadie en su familia comprometería su fe por nada o nadie. Él declaro que su casa, su familia, continuaría siendo un lugar santo. Esto es algo que muchos debemos aprender hacer. Esto es algo que muchos tenemos que comenzar a hacer. Tenemos que tomar el lugar de autoridad que Dios nos ha entregado, y tenemos que hacer un compromiso con Dios. Tenemos que echar de nuestras casas, tenemos que echar fuera de nuestros hogares, toda obra del enemigo. Tenemos que destruir esas obras del enemigo que nos apartan de nuestro Dios (3 Juan 11;) esas obras que nos alejan de la presencia divina de nuestro Padre celestial. Tenemos que destruir esas obras que interrumpen el fluir del Espíritu Santo en nosotros (Efesios 4:30-31.) Tenemos que hacer un compromiso total con la enseñanza de la Palabra de Dios. Tenemos que estudiar y vivir su Palabra en todo momento.
Para concluir. Como les dije al inicio, muchos creyentes no ven sus hogares como un lugar santo, no lo ven de la misma manera que ven la iglesia, y esto es una manera muy equivocada de pensar. Recordemos que todo toma inicio en el hogar, el ejemplo que les demos a nuestros hijos, ese será el que seguirán. Josué fue bendecido grandemente porque fue un hombre de convicción, fue un hombre que hizo un compromiso genuino con Dios.
¿Tienes tú esa convicción? Es tiempo de dejar jugar a la iglesia. Es tiempo de dejar de ser cristianos solo en ocasiones especiales o parte del tiempo. Es hora de servir a nuestro Padre celestial en todo momento. Es hora de permitir que el Espíritu Santo sea reflejado en todo lo que hacemos (Mateo 5:14.) Hermanos, si no hemos hecho un compromiso genuino con Cristo, si no hemos tomado el tiempo de conocerle más de cerca, entonces estamos sirviendo a los dioses de este mundo. Estamos participando de la mesa del demonio porque hemos dejado que el enemigo nos engañe, hemos dejado que el enemigo nos siegue con las cosas de este mundo (1 Corintios 10:21.)
El proclamar la verdad de Dios traerá adversidad a nuestro diario vivir; pero tenemos que permanecer firmes en la Palabra.
El verdadero creyente le tocara pasar por persecución; seremos aborrecidos por causa del nombre de Jesús. El verdadero creyente tendrá que tragar buches amargos de nuestras amistades, familias, y compañeros, pero recuerda que mucho más sufrió Cristo por ti. Recordemos que no estamos llamados a ser simple creyentes. Cuando hacemos un compromiso genuino con Cristo, estamos llamados a ser discípulos. Recordemos siempre que Cristo es nuestro sustento, que Cristo es nuestro alimento (1 Corintios 10:3-4.) Examinémonos, revisemos bien donde estamos en el día de hoy en nuestro compromiso con Dios. Deja ya de justificar las malas acciones, deja ya de justificar el pecado. Haz un compromiso genuino con Dios, y di hoy “pero yo y mi casa serviremos a Jehová.”
Amén.
|