¿Eres socio o empleado? |
| Viernes, 19 de Febrero de 2010 15:11 |
Había una vez hace muchos años había en una ciudad comercial del viejo continente un comerciante. Este comerciante era conocido por todos por ser amable pero cuidadoso, y además muy rico. Cierta ocasión tuvo que salir de viaje y dejó a una persona encargada de sus todas sus riquezas, para que la administrara y cobrara su salario. Mientras el estaba viajando, el encargado, viendo la gran cantidad de trabajo que su jefe hacía, decidió que no era necesario hacer tanto, y se dedicó a trabajar como siempre, abría el establecimiento a la hora en que llegaba, aunque sabía que su jefe siempre abría dos horas antes, y en cuanto cerraban las puertas de la ciudad el cerraba y se iba a su casa. Meses después, cuando regresó el comerciante encontró que su negocio ya no era líder en la ciudad, sino que otros habían subido durante su ausencia... La segunda historia empieza así...
Cuando Elin Sabah empezó a trabajar, era sólo el nuevo empleado de la tienda de mercaderías en la ciudad. Era un local modesto, que vendía desde alfombras hasta vasijas y un poco de especias. Su jefe era líder de una caravana que hacía 3 viajes anuales por un amplio territorio, y terminaba por regresar a casa a atender a sus múltiples establecimientos. Faltaban unas semanas para que saliera de nuevo a su largo viaje de comercio, cuando hablo con Elin, y le dijo: "Elin, te encargo mi tienda, se que estará en buenas manos". Y dicho esto, le puso 2 monedas de oro en las manos. "Estas dos monedas son mi salario de cuatro meses, algo debo hacer con ellas" - pensó Elin. El nunca había visto tanto dinero junto, y estuvo tentado a usarlas, total, podía tomar más en caso necesario de la fortuna que tenía su jefe, pero decidió hacer algo más con ellas. Varios meses después regresó el jefe y encontró que su tienda ya no era la más pequeña de la ciudad, sino que durante su ausencia había crecido en gran manera, que ahora vendían muchas cosas más y tenían clientela desde muy temprano, antes del alba hasta mucho después de haber cerrado todos los demás comercios... ¿Cuál es la diferencia entre estos dos empleados?
El primero vio que tenía seguro su sueldo y se dedicó a hacer justo lo que le tocaba, el segundo vio que su amo había puesto su confianza en el, y que si le respondía de acuerdo a esta confianza su el lo recompensaría abundantemente. El primero estaba simplemente pensando en hacer lo que le tocaba y el segundo se ocupó de hacer mas de lo que le tocaba.
Podemos imaginar que es lo que paso en estas historias, seguramente el empleado de la primera había cumplido correctamente las labores para las cuales fue contratado, no llegaba más tarde de su hora, ni se iba más tarde, atendía adecuadamente a los clientes, no dejó que fuera minada la tienda. El segundo se esforzó más de lo que le tocaba y puso de sus propios recursos en el negocio de su jefe para hacerlo crecer, sabiendo que su jefe reconocería su esfuerzo y le premiaría. El primero se sentía simplemente un empleado, el segundo se sentía algo más, algo así como un socio.
Un empleado se preocupa por que su empleador le pague su sueldo a tiempo, por sus vacaciones, celebra los días de asueto, y se siente cómodo llegando a sus horas y yéndose a sus horas. La verdad es que como vaya el negocio no es importante para el. Por el contrario, un socio sabe que si el negocio va bien, también a el le va bien, y si hay problemas, o trabaja para resolverlos o pierde. Es por esto que la misma Biblia cuenta la parábola escrita en Mateo 25:14-30, la de los talentos. Cuando el primer y segundo siervos (o empleados) se esforzaron, lo hicieron siendo fieles a su empleador, buscando al mismo tiempo el beneficio propio y el de su jefe, entendiendo que no a cualquier persona se le daba esa oportunidad. Vieron el trabajo extra como una oportunidad. Por el contrario, el tercero vio la labor que le habían encargado como un problema, como una carga, y para evitarse el problema, enterró el tesoro y no lo trabajó. Ahora, consideremos nuestro trabajo. El reino de Dios es la empresa. Un empleado, al finalizar su jornada, se va a su casa y vive de su sueldo. Cuando el empleador decide, lo puede correr y sólo tiene que pagar una liquidación. Si a la empresa le va bien, el empleado no recibe más, pero si le va mal, será el primero en salir de ella. Al socio le preocupa como le va a la empresa. Si la empresa va bien, sus ganancias aumentan, si le va mal disminuyen. Si la empresa es el reino de Dios, entonces a un socio le interesaría que crezca, y sólo crece cuando los socios trabajan. Cuando un empleado es valioso, es muy probable que un buen jefe decida hacerlo su socio, y cuando es además muy fiel, lo hace miembro de su familia. Al final del año, cuando la empresa reporte ganancias, al empleado no le toca nada, pero al socio le toca su parte proporcional según las acciones que haya adquirido. Piensa en esto, si tu haces sólo lo que te toca hacer, y das apenas lo suficiente, quizá no sea lo adecuado para poder recibir los jugosos dividendos al final del año fiscal, cuando termine este siglo y llegue el venidero. Si tu trabajas con ánimo resuelto y te esfuerzas por hacer crecer el talento que Dios, tu jefe, puso en tus manos, seguramente vas a recibir mucho más de lo que te imaginas.
Y tu, ¿qué quieres ser? Esta en tus manos, tu decides, te vas por el lado cómodo y eres empleado, te vas por el lado que presenta dificultades y te conviertes en socio, en miembro de la familia de Dios.
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