Levántate y pelea |
| Martes, 11 de Mayo de 2010 13:41 |
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Sé que les he dicho cosas absurdas, pero desdichadamente son cosas que suceden a diario, y son cosas que si no estamos concientes de lo que son, pues entonces pueden debilitar nuestra relación con Dios, e interrumpir las bendiciones en nuestra vida. De lo que tenemos que estar concientes es que estas cosas que nos suceden son ataques planeados por nuestro enemigo, y que nos encontramos en una batalla constante, especialmente cuando estamos siguiendo a Jesús genuinamente. Es de esto mismo que deseo hablarles en el día de hoy. Hoy estaremos estudiando acerca de esa batalla constante que como cristianos tenemos que enfrentar. En muchas ocasiones he dicho que nosotros, los creyentes, somos el ejército de Dios. Nosotros fuimos elegidos por Jesús para defender, y expandir el Reino de Dios aquí en la tierra. Pero para lograr estos dos propósitos tan importantes, existe una cualidad que tenemos que poseer. Pasemos ahora a los versículos que estaremos usando en el día de hoy y encontremos unos ejemplos de lo que les hablo.
2 Samuel 23:8-12 - Estos son los nombres de los valientes que tuvo David: Joseb-basebet el tacmonita, principal de los capitanes; éste era Adino el eznita, que mató a ochocientos hombres en una ocasión. 9 Después de éste, Eleazar hijo de Dodo, ahohíta, uno de los tres valientes que estaban con David cuando desafiaron a los filisteos que se habían reunido allí para la batalla, y se habían alejado los hombres de Israel. 10 Este se levantó e hirió a los filisteos hasta que su mano se cansó, y quedó pegada su mano a la espada. Aquel día Jehová dio una gran victoria, y se volvió el pueblo en pos de él tan sólo para recoger el botín. 11 Después de éste fue Sama hijo de Age, ararita. Los filisteos se habían reunido en Lehi, donde había un pequeño terreno lleno de lentejas, y el pueblo había huido delante de los filisteos. 12 El entonces se paró en medio de aquel terreno y lo defendió, y mató a los filisteos; y Jehová dio una gran victoria. Cuándo leemos este capitulo completo pronto nos damos cuenta que aquí David estaba haciendo una reflexión de su vida analizando como Dios se había manifestado en su vida. En otras palabras él estaba recordando las dificultades que le habían conducido a este punto de su vida y todos aquellos que le habían ayudado. Pero aquí en esta pequeña porción del capitulo vemos que David menciona a tres personas especificas. Tres personas muy diferentes los unos de los otros, pero los tres tenían algo en común, ellos servían fielmente al que llamaban rey. Como podemos apreciar, la memoria que David tenia de estos tres hombres, Joseb-basebet, Eleazar, y Sama, es una de valentía y poder militar. Fíjense bien como nos dice la Palabra aquí cuando leemos acerca de Joseb; la Palabra nos dice “Joseb-basebet el tacmonita, principal de los capitanes; éste era Adino el eznita, que mató a ochocientos hombres en una ocasión.” Mato a ochocientos hombres en una ocasión; sin duda alguna esto es una demostración de valentía, y de gran poder militar, ¿verdad? Cuando leemos acerca de Eleazar; la Palabra nos dice “Eleazar hijo de Dodo, ahohíta, uno de los tres valientes que estaban con David cuando desafiaron a los filisteos que se habían reunido allí para la batalla, y se habían alejado los hombres de Israel. 10 Este se levantó e hirió a los filisteos hasta que su mano se cansó, y quedó pegada su mano a la espada. Aquel día Jehová dio una gran victoria, y se volvió el pueblo en pos de él tan sólo para recoger el botín.” ¿Se pueden imaginar esto? Este hombre peleo tan arduamente y por tanto tiempo que su mano se le quedo pegada a la espada. Nuevamente aquí encontramos una demostración de poder militar, y de valentía, ¿verdad? Pero no deseo concentrarme en estos dos hombres en el día de hoy, sino deseo concentrarnos en el tercero. Deseo que nos concentremos en lo que aconteció con Sama, porque en esta pequeña sección es donde está nuestra lección para el día a hoy. Fíjense bien lo que sucedió, la Palabra nos dice “Después de éste fue Sama hijo de Age, ararita. Los filisteos se habían reunido en Lehi, donde había un pequeño terreno lleno de lentejas, y el pueblo había huido delante de los filisteos. 12 El entonces se paró en medio de aquel terreno y lo defendió, y mató a los filisteos; y Jehová dio una gran victoria.” Si leemos esto ligeramente, lo que sucedió en este instante nos puede lucir como una cosa un poco tonta, ¿verdad? Digo esto porque aquí encontramos que este hombre se enfrento para pelear contra un grupo de hombres por un terreno de lentejas. En otras palabras, por algo que en el gran esquema de la vida aparenta ser insignificante, ¿verdad? Pero el significado aquí es mucho más profundo que un simple terreno de lentejas. Hermanos, Sama no estaba peleando por un simple terreno de lentejas, Sama estaba peleando porque este terreno seguramente era el sustento de él y su familia. Quiero también que notemos algo de suma importancia, y esto es que la Palabra aquí nos dice que el terreno estaba "lleno de lentejas." Es importante que notemos esto porque este detalle nos indica que el terreno no era uno que se estaba cultivando, sino que era un terreno listo para cosechar. En realidad los filisteos eran bien inteligentes, digo esto porque ellos no habían arado la tierra; ellos no habían sembrado la semilla; ellos no le habían dado un mantenimiento al terreno, pero ahora que estaba listo para la cosecha, ellos atacarían y se la robarían. Si hacemos un contraste entre lo que sucedió aquí y la mayoría de nosotros, creo que todos aquí estaremos de acuerdo cuando digo que nuestro enemigo trabaja mas o menos como estos filisteos. Cuando reflexionamos en nuestra vida, y las cosas que con frecuencia nos suceden una vez que seguimos a Jesús genuinamente, creo que todos podemos ver que el demonio mentiroso usa más o menos la misma táctica que usaban los filisteos en nuestra historia. Me explico un poco. Todos sabemos que el enemigo ataca a los cristianos, todos sabemos que él monta un ataque en contra del pueblo de Dios. Pero, ¿se han puesto a pensar cuando es qué comienza el ataque más intensivo? Si pensamos en esto por un momento creo que todos llegaremos a la conclusión que no fue cuando comenzamos a caminar. Esto es porque el ataque se intensifica cuando empezamos a servir a Dios como Él quiere que le sirvamos. El ataque intensifica cuando empezamos a dar buenos frutos; es en ese momento que él trata de destruir, y trata de robarse lo que con tanto amor Dios ha sembrado en nosotros. Lo que sucede con mucha frecuencia no es muy diferente a lo que sucedió aquí con el pueblo de Israel. Desdichadamente, una vez que el ataque se intensifica, una vez que el ataque llega a nosotros, muchos hacemos lo que hizo este pueblo. ¿Qué hizo este pueblo? La Palabra nos dice que “el pueblo había huido delante de los filisteos.” Esto desdichadamente es algo que sucede con frecuencia, muchos son los que corren de la batalla, en vez de correr hacia el frente. Dile al hermano que tienes a tu lado, no podemos huir. Este pueblo corrió lleno de temor, este pueblo corrió y abandono las bendiciones que Dios le había entregado, y muchos son los que hacen igual. Muchos son los que le permiten al enemigo que llegue y destruya lo que Dios le ha entregado. Hermanos algo que esta muy evidente aquí es que este pueblo no tuvo el valor de defender lo que era suyo. Ellos no tuvieron el valor de defender lo que con tanto esfuerzo habían logrado. Les digo esto porque si nos ponemos a pensar donde estaban ellos geográficamente, entonces nos damos cuenta de que ellos estaban por la mayor parte en un desierto. Esto quiere decir que para que ellos pudiesen cultivar este terreno ellos tuvieron que pasar bastante trabajo. Primero tuvieron que irrigar la tierra, segundo arar el terreno, tercero sembrar la semilla, y más importante que todo, ellos tuvieron que darle un mantenimiento a este terreno durante varios meses para asegurarse que la semilla crecería. Uno pensaría que ellos no estarían dispuestos a abandonar lo que con el sudor de su frente lograron, pero el pueblo corrió de los filisteos, y abandono todo. En esencia, lo que este pueblo hizo fue rendirse antes de pelear. Dile al hermano que tienes a tu lado, hay que pelear. Detengámonos aquí por un instante, y examinemos nuestra vida. Preguntémonos, ¿hacemos igual que este pueblo? ¿Huimos en determinadas situaciones o problemas? ¿Permitimos que el enemigo se robe las bendiciones que Dios nos ha dado? Como el pueblo de Dios que somos, nosotros no podemos ser tal como este pueblo. Nosotros no podemos correr y huir porque de hacerlo quiere decir que no confiamos en Jehová de los ejércitos. Quiere decir que nuestra lealtad al Rey de Reyes y Señor de Señores no es nada fuerte. Digo estro porque cuando nuestra lealtad a nuestro rey es genuina, entonces actuamos y obramos dependiendo de Su palabra. Entonces actuamos y obramos confiadamente que Él nos entrega la victoria en todo ocasión tal como encontramos en Juan 16:33 cuando leemos “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Esto es promesa de Jesús para su pueblo. Esto es promesa de nuestro rey para nosotros. Fíjense bien que aquí Jesús nos dice claramente que seremos atacados, aquí Jesús nos dice claramente que existirán luchas y batallas, pero a través de todo, y después de todo, Él nos entrega la victoria. Dile al hermano que tienes a tu lado, hay que luchar. Como el pueblo de Dios, tenemos que seguir el ejemplo de Sama en este caso. Tenemos que pararnos firmemente en la roca de nuestra salvación, y pelear. Fíjense bien lo que sucedió; Sama se paró en el medio del terreno y luchó. Él no corrió, él se enfrentó, él defendió la bendición que Dios le había dado. Él no se quejo, él no crítico al pueblo por huir, él actuó rápidamente y de una manera acertada. Él se paró en medio del terreno y peleó. La Palabra no nos dice contra cuantos peleo, y esto es una indicativa de que el número no importa, lo que importa es que él no permitió que con lo que Dios le había bendecido fuera robado de él. Él se enfrento a la situación, no lo hizo enviando a otros a pelar o dando ordenes a un ejercito, él lo hizo solo, sin la ayuda de nadie. Ahora preguntémonos, ¿hacemos nosotros esto? Hermanos, nosotros también tenemos que defender lo que es nuestro. Nosotros tenemos que defender las bendiciones que Dios nos ha dado. Es hora que el pueblo de Dios se pare firmemente para combatir los ataques del enemigo. Es hora de decir "!está es mi bendición y no me la podrás quitar!" Defendamos lo que Dios nos ha dado, seamos y actuemos valientemente. Cuando somos valientes, cuando confiamos en Jehová, veremos que en nuestra vida sucederá lo mismo que aconteció aquí. Sama mató a los filisteos, Jehová le dio la victoria sobre sus enemigos. Jehová hará lo mismo con nosotros, Él te entregara la victoria sobre toda situación o dificultad. Pero tenemos que ser valientes. Dile al hermano que tienes a tu lado, hay que ser valiente. Tenemos que estar dispuestos a pelear por lo que Dios nos ha entregado. Tenemos que tomar esta lección de Sama muy en serio. De no hacerlo así, pues entonces el Reino de Dios aquí en la tierra sufrirá. Déjenme ponerles un ejemplo y a la misma vez informarles de algo alarmante. ¿Sabían que las estadísticas demuestran que todas las semanas setenta y dos iglesias cristianas cierran sus puertas para siempre en los Estados Unidos? Esto es algo alarmante, esto es algo que nos demuestra que en el pueblo de Dios existen muchas personas como el pueblo que corrió de los filisteos. Esto nos demuestra que existe una gran necesidad de hombres valientes. Dile al hermano que tienes a tu lado, levántate y pelea. Les repito, nosotros somos el ejército de Dios aquí en la tierra. Nosotros somos los soldados que Él utiliza para combatir las fuerzas del enemigo, y como un ejército, tenemos que luchar juntos. Porque un ejército que lucha junto es un ejército que vence toda oposición, un ejército que lucha junto es un ejército que conquista. Pero es fácil ser valientes en un grupo, es fácil pelear sabiendo que tenemos a otro a nuestro lado, pero también tenemos que estar dispuestos a pelear aun cuando a nuestro lado no exista nadie. Nosotros poseemos el arma más poderosa en el universo, nosotros tenemos la Palabra de Dios cual es capaz de vencer toda oposición. Ahora, quiero que entiendan bien que con esto no me estoy refiriendo a la Biblia. Por supuesto que todos sabemos que la Biblia es la Palabra de Dios por escrito, todos sabemos que en ella encontramos las respuestas a todas nuestras preguntas o inquietudes. Pero la Biblia, si no la conocemos, entonces es solamente una colección de libros de antigüedad. Así que la Palabra de Dios es mucho más que la Biblia; les digo esto porque estoy seguro que ninguno de nosotros andamos con una Biblia encima las 24 horas del día y los siete días a la semana. Les puedo decir que aunque soy pastor yo no llevo mi Biblia encima en todo momento. Pero si les puedo decir que llevo la Palabra de Dios. Llevo la Palabra de Dios en un lugar donde no puede ser robada, en un lugar donde nunca se me perderá o la olvidare, llevo la Palabra de Dios en mi corazón. Pero esto es algo que solo se puede lograr cuando se toma el tiempo de estudiarla, cuando tomamos el tiempo de meditar en ella. El pueblo de Dios es el ejército mejor armado del mundo, pero no todos cargan su arma encima, y no todos están dispuestos a luchar. Acordémonos siempre que nosotros estamos en una guerra espiritual, como encontramos en Efesios 6:12 al leer “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” Acordémonos que el enemigo no descansa en sus ataques porque quiere destruir lo que Dios nos ha dado; no podemos ser tal como el pueblo en ese entonces. Tenemos que seguir el ejemplo de Sama confiando y sabiendo que no obstante la situación, no obstante cuan grande aparente ser la oposición, Cristo nos ha entregado la victoria como encontramos en Apocalipsis 2:1 cuando leemos “No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” Tenemos que resistir los ataques, tenemos que enfrentarnos y estar dispuestos a luchar aun cuando nos podamos encontrar solos. Tenemos que confiar en nuestro Rey y serle leal, tenemos que someternos a su autoridad y voluntad; una vez que lo hacemos, al enemigo no le queda mas remedio que correr de nosotros como encontramos en Santiago 4:7 al leer “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Para concluir. Seamos valientes, seamos el ejemplo a seguir, luchemos en contra de la oposición sin preocuparnos de lo que pueda suceder, confiemos en Dios y recibiremos su bendición. Confiemos en Dios y recibiremos la victoria. Sama no permitió que los filisteos le robaran la bendición que Dios le había entregado. No permitamos que el enemigo se robe lo que Dios nos entrego, es hora de defender nuestras familias, es hora de defender nuestros hogares, nuestras amistades. La hora de la verdad ha llegado, seamos valientes y enfrentémonos al enemigo sin dudar. Recordemos que Jesús siempre estará con nosotros tal como encontramos en Mateo 28:20 cuando leemos “…he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Nunca nos olvidemos de esto, pero también sepamos que para poder alcanzar ver su gloria, majestad y poder, tenemos que ser ¡VALIENTES! |