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Jueves, 26 de Agosto de 2010 11:45 |
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1 Reyes 20:1-43
Introducción:
Acab se había sometido voluntariamente como vasallo al rey arameo (sirio) Ben-Adad. Este decidió un buen día pedirle como tributo sus mujeres, hijos y tesoros, a lo cual accedió Acab. En una segunda orden enviada por mensajeros, Ben-Adad no sólo pide estas cosas sino que le intimida diciéndole que va a enviar funcionarios e inspectores al palacio para ellos mismos despojarlo de todo. Ante esta amenaza, Acab se resiste y el rey Ben-Adad decide atacar a Samaria, la cede del reino de Israel desde donde gobernaba Acab, y declara la guerra. En medio de todo esto, un profeta del Señor llega a Acab con un mensaje claro de Dios, v.13. Se hacen los preparativos de guerra y Ben-Adad y su ejército reciben una contundente derrota a manos de los israelitas. El profeta vuelve a aparecer en escena con unas instrucciones específicas para Acab, v.22
Varias revelaciones podemos obtener de este recuento: aunque Acab era un rey malvado y había hecho alianza con un rey pagano e igualmente de malvado que él, Dios está dispuesto a intervenir y hacerle derrotar a su enemigo para que así sepa, reconozca que Dios es Dios, Jehová, el Señor. La bondad de Dios se expresa de formas extrañas y paradógicas en innumerables ocasiones por encima de la maldad del hombre.
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Martes, 29 de Junio de 2010 15:35 |
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Una gran realidad acerca del caminar cristiano es que cuando hacemos una decisión consciente de seguir a Jesús, y cuando le seguimos genuinamente, los problemas o situaciones difíciles en nuestra vida aparentan multiplicarse. Es decir, es el momento cuando perdemos el trabajo, se nos muere el gato, se nos escapa el perro, y la mujer se enfada por cualquier cosa diminuta y deja de hablarnos. Esto por supuesto no es sin que antes de todo se nos queme el automóvil, y nos roben la bicicleta.
Sé que les he dicho cosas absurdas, pero desdichadamente son cosas que suceden a diario, y son cosas que si no estamos conscientes de su verdadero origen, entonces pueden llegar a debilitar nuestra relación con Dios, e interrumpir las bendiciones en nuestra vida. Así que debemos estar muy conscientes del hecho de que las malas situaciones o circunstancias que se presentan en nuestra vida, en casi toda ocasión, (digo que en casi toda ocasión porque el diablo no es completamente responsable de todo lo que nos sucede; tenemos que asumir responsabilidad por nuestras acciones), son un ataque bien planeado y coordinado por nuestro enemigo. También nunca podemos olvidarnos de que todo el que genuinamente sigue a Jesús se encuentra en una batalla constante. Es de esto mismo que deseo hablarles en el día de hoy. Hoy estaremos estudiando acerca de esa batalla constante que como cristianos tenemos que enfrentar. Debemos analizar este aspecto de nuestra vida cristiana porque como les he dicho en otras ocasiones, nosotros somos el ejército de Dios. Nosotros fuimos elegidos por Jesús para defender, y propagar el Reino de Dios aquí en la tierra. Pero para lograr estos dos propósitos tan importantes, existe una cualidad que tenemos que poseer. Pasemos ahora a los versículos que estaremos estudiando en el día de hoy y descubramos la cualidad de que les hablo.
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Martes, 08 de Junio de 2010 13:32 |
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El tema de la fe siempre me ha confrontado y retado a buscar más para mi vida. Todos nos movemos por fe y debemos demostrar que no estamos conformes, que deseamos recibir más porque caminamos y nos movemos por fe para agradar al Señor. Obedecer Mateo 8:23-27 relata: Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?
Los discípulos no temían al mar, estaban acostumbrados a navegar porque varios eran pescadores y vivían cerca de un lago. Sin embargo, la tormenta arreciaba y se asustaron, entonces despiertan al Maestro que les regaña, contrario a lo que ellos pensaban porque se sentían confiados al ir junto al Hijo de Dios, pero no fueron capaces de activar su fe y calmar ellos mismos la tormenta. Es como las personas que después de entregarle su vida al Señor sienten que todo empieza a complicarse en vez de mejorar y no se explican la razón, porque piensan que están haciendo todo lo que Él manda pero seguramente les falta algo.
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Lunes, 31 de Mayo de 2010 16:11 |
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La palabra fe es muy pequeña, es una sola sílaba pero encierra todo el secreto del Reino de los Cielos. Es como el átomo que puede provocar una hecatombe nuclear si la haces reaccionar en cadena. Jesús nos enseña a caminar por fe, no por vista. De la misma forma que le dijo a la mujer: “grande es tu fe mujer, pide lo que quieras”. Ese “lo que quieras”, es decir lo que necesitamos, se esconde en la palabra fe. He visto infinidad de milagros económicos, familiares y físicos. Lo digo sin jactarme, porque le he pedido al Señor ser el mexicano que más haya visto Su gloria antes de que cierre mis ojos y vaya a Su presencia. Cada vez que veo un milagro me dice: “hijo, estoy vivo”. Sin fe es imposible agradar a Dios. Acércate a Él creyendo que existe, está presente y te escucha. En la iglesia no podemos atender a cada uno en particular, por eso tenemos grupos en casa para que todos se sientan escuchados. Cuando tienes fe para creer que Jesús está contigo, no necesitas pedir audiencia con ninguno del equipo pastoral porque “el jefe” te atiende personalmente. Jesús nunca dio consejería. Cuando dos hombres lo detuvieron para que emitiera Su juicio sobre una herencia, Él les dijo que dejaran la avaricia y continuó Su camino. Yo predico la Palabra que Él me manda decir, funciona para quien la cree, de lo contrario, debes pelear tu batalla de fe.
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Jueves, 27 de Mayo de 2010 13:15 |
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Un misionero cuenta la historia del primer auto que se le asignó. Este vehículo tenía la maña de que sólo prendía empujado. No se podía prender usando la marcha. El misionero pronto aprendió a ajustar su horario y sus costumbres a la maña del carro.
Cuando llegaba a algún lugar, dejaba el carro prendido; cuando era momento de estacionarlo, siempre buscaba la manera de dejarlo en la cima de una colina, para poder aprovechar la pendiente a su favor al poner el carro en marcha.
Después de dos años, el misionero y su familia se vieron obligados a dejar el campo misionero debido a problemas de salud. Un nuevo misionero llegó a la misión, y el primero le empezó a explicar todos los arreglos que había hecho para poder usar el carro. Mientras tanto, el misionero nuevo abrió el capó del carro y empezó a mover algunas cosas.
De pronto interrumpió al misionero en sus explicaciones y le dijo: ¡Aquí está el problema! Este cable estaba suelto. No más le damos una vuelta, y ¡listo! Metiéndose al carro, dio vuelta a la llave, y el motor prendió sin ningún esfuerzo.
El carro siempre había tenido el poder suficiente para arrancar por fuerza propia. No obstante, una interrupción había estorbado el flujo de ese poder y había causado todas las dificultades que había sufrido el misionero. Una simple desconexión fue la causa de tanta frustración.
El poder de Dios es imposible de medir. Es más potente que la presión de las aguas que impulsan las inmensas plantas hidroeléctricas. Es más inmenso que el calor del sol, que podría vaporizar miles de planetas como el nuestro.
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