El poder de la verdad

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Viernes, 19 de Noviembre de 2010 14:25

la verdadEl domingo pasado decíamos que debíamos ser fuertes en el Señor, y que para esto era necesario conocer la verdad de la Palabra, pues allí encontramos la fortaleza que nos hace confiar para tener éxito, en vez de intentar para terminar en un fracaso.

Por esto es que debemos saber que Dios nos ha encomendado un depósito de la verdad, y es nuestra responsabilidad el cumplir con esta comisión, tenemos la responsabilidad de apuntalar las defensas de la iglesia del Señor que se está viniendo abajo por causa de la presión una sociedad secular alimentada por sus actitudes paganas; y es una comisión para todo cristiano sin excepción, porque a todo cristiano le ha sido encomendado el depósito de la verdad, la revelación fundamental de las Escrituras con respecto a la naturaleza de la realidad, es decir: Cómo es el mundo, Cómo es Dios, Cómo es la gente y Cómo debemos ser nosotros los cristianos.

Es necesario que los cristianos aprendamos la verdad para poder defender a la iglesia, y para esto debemos aprender: Qué es lo que hace que el mundo funcione como lo hace, Por qué se viene siempre todo abajo a pesar del avance de la ciencia, Por qué da la impresión de que nada bueno prospera y todo lo malo parece reinar de manera indiscutible; y la explicación de todo está en el depósito de la verdad que nos ha sido dado por medio de Jesucristo, eso es lo que tenemos que guardar.

Leamos la Palabra de Dios en Juan 8:31-38 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre”.

Dios no nos da un espíritu de timidez, sino que nos da un espíritu de poder, de amor y una mente sensata para defender la verdad que Él nos ha entregado en Su Palabra, Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” 2 Timoteo 1:6-7.

Si alguien me pregunta: ¿Qué va a suceder en el país? ¿Qué pasará en las elecciones del año que viene?, debo decir que no sé lo que va a pasar, no tengo ni idea, nadie lo sabe, pero sí sé esto: Sabiendo que Dios no nos da un espíritu de timidez, si nos sentimos preocupados por lo que pudiera suceder, no es algo que procede de Dios; el espíritu de Dios es un espíritu de poder y de amor que nos provee de una mente estable, lo que significa: Un espíritu de poder para hacer, un espíritu de amor para reaccionar emocionalmente como debemos, y una mente firme para que seamos conscientes y actuemos con inteligencia, sabiendo lo que nos disponemos a hacer.

En el cristiano debe destacarse el empeño por alcanzar la verdad, ya que se trata de uno de los elementos decisivos para construir un mundo mejor; los cristianos buscamos la verdad para lograr un mundo tal como Dios lo ha planificado, un mundo más humano, pero bajo la concepción de la humanidad creada por Dios, ya que Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” Génesis 1:27, una humanidad hecha a la imagen de Dios, con sus bondades y atributos, y buscamos y defendemos la verdad porque amamos a Dios, y porque amamos y respetamos a los demás que buscan como nosotros ese mundo mejor; pero si no buscamos, decimos y defendemos la verdad, este mundo que sabemos bajo el maligno, 1 Juan 5:19, se pervertirá cada día más hasta convertirse en una delegación del infierno donde se entronice abiertamente el poder de satanás.

Como cristianos debemos distinguir entre la Verdad con mayúscula, la verdad de Cristo, y las verdades que los seres humanos han conquistado a través de sus propios pensamientos, pues ambas dan como resultado la historia; y que la verdad sea parte de la historia significa también que la verdad futura depende de nuestra actividad en el Señor, de lo que cada uno aporte al crecimiento de la humanidad, al desarrollo y expansión de la verdad que es el Evangelio, y al fortalecimiento de la iglesia.

Si eres cristiano, hay algo que puedes hacer por Dios, tú posees alguna habilidad que te ha sido concedida por el Espíritu Santo que habita en tu interior, y si no la estás poniendo en práctica, estás derrochando la verdad y poco importa lo que estés haciendo, lo cierto es que no estás edificando sobre la verdad que es ese don espiritual; todo lo hagas será una pérdida de tiempo, algo sin sentido e inútil para Dios, y frente al juicio del Espíritu Santo, que es el único juicio que cuenta, serás considerado como un puñado de madera, heno y hojarasca, 1 Corintios 3:12-15.

Pero si pones en marcha lo que Dios te ha encomendado que hagas, descubrirás que Dios no da un espíritu de temor, sino de poder, de amor y la mente estable para reconocer que Dios está contigo y que te está apoyando, y esta es la primera palabra de consejo sobre cómo guardar la verdad, es decir, cómo mantener la fe.

Como cristianos debemos plantearnos qué es la verdad, para luego tratar de comprender mejor su fuerza y su poder; y para lograr comprender la noción de verdad de la cual habla Pablo a Timoteo debemos considerar algunos elementos que interactúan entre sí, entre lo cual llamamos verdadero a lo que está realmente presente, contraponiéndolo a lo imaginario, se trata de la conexión de lo verdadero con lo real, el nexo (aletheia) entre la verdad de Cristo con el empirismo humano que considera como verdadero sólo lo que se ve y se toca.

Consideramos verdadero a lo fiable, que es la presencia del Cristo resucitado en nuestro corazón, y falso a aquello de lo que no podemos fiarnos como son las doctrinas de hombre, esto une la autenticidad de Dios, con la confianza (fides) con las personas o con las cosas, Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyente” 1 Tesalonicenses 2:13; esta es la verdad que privilegia la tradición hebrea de destacar el valor del testimonio y su autoridad como fuente del conocimiento, y el tercer elemento es la idea de ajuste entre lo que se dice o piensa y lo que sucede o se hace, que está en la cultura científica, obsesionada con la precisión de los términos y la verificación experimental, que es solamente donde reconocen la verdad.

Más aún, la verdad son las muchas verdades que los cristianos alcanzamos y que mostramos al mundo en el tiempo y mediante nuestro testimonio para hacerla crecer, podríamos decir que somos como enanos parados sobre hombros de gigantes; somos los cristianos que hoy construimos sobre los esfuerzos de quienes nos anteceden, para llegar a ver más lejos y con más claridad que quienes nos precedieron; aunque mejor podríamos decir que: Ni somos enanos, ni ellos fueron gigantes, y todos tenemos la misma estatura, sino que estamos más alto gracias a la verdad que ellos nos mostraron e instalamos en nuestro corazón.

Pero esto lo podemos decir siempre que haya en nosotros lo que en ellos hubo: Estudio, claridad de espíritu, desvelo y amor por conocer y extender la verdad, pues entonces sí, todo lo sabemos entre todos, ya que el Espíritu es uno solo como son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo” 1 Corintios 12:20, y la verdad está en el Espíritu, en la convicción de que en cada esfuerzo individual hay algún aspecto del que podemos aprender los demás.

Lo cierto es que la verdad es como un león que si lo dejamos libre se defenderá a sí mismo; eso es exactamente lo que tenemos que hacer con la verdad de Cristo, no necesitamos mendigar que crean ni pedir perdón en nombre de esa verdad a través de estudios doctrinales y exegéticos sobre por qué debemos de creer esto o lo otro, simplemente, pongámosla en libertad, comencemos a ponerla en práctica y ella se defenderá por sí misma.

Pero debemos ser conscientes de que cuando demos libertad a la verdad del evangelio a través de nuestros labios seremos atacados, el enemigo se levantará para destruirnos pues sabe de de esta manera esta encerrando nuevamente la verdad; todo cristiano ha sido llamado a sufrir por causa del evangelio, y muchos dirán, “Yo no sufro”, y es debido a que siempre creemos que el sufrimiento es algo físico, a pesar de que en el siglo veinte es donde se han producido más torturas a los cristianos, han sido más los cristianos asesinados en este siglo por causa de Cristo que en ningún otro.

Pero el sufrimiento no es solamente físico, sino que también es mental, es el sufrimiento que soportamos cuando alguien cree saberlo todo y nos menosprecia a causa de nuestra fe, o se ríe cuando le decimos que lea la Biblia para conocer la verdad; es esto lo que debemos de soportar con paciencia, y reaccionar no con ira, sino calmadamente, como lo hizo nuestro Señor, siendo fieles y guardando la verdad.

No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” Romanos 1:16, decía el apóstol, pues el evangelio es el medio de salvación dado por Dios para el hombre, y para la gloria de Dios; locura a los ojos de los hombres, pero que obtiene el éxito donde la sabiduría del hombre falla en cuanto a las necesidades del alma, Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” 1 Corintios 1:21, y todo esto pues la palabra escrita es la revelación autorizada de Dios hacia el hombre, y El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” Juan 12:48, Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” Hebreos 4:12.

Por si no lo sabías, ahora lo sabes, el poder está en la Palabra, pues la verdad está en la Palabra, y como cristianos tienes la obligación de dejarla en libertad, sin importar tu sufrimiento por esta causa, y en la seguridad de que ella se defenderá por si misma a través de su propio poder.



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