Evangelio: definición y evolución del término

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Martes, 11 de Abril de 2006 21:33

evangelioEvangelio es una palabra griega que significa: "Buenas Nuevas", "Buena Noticia", "Alegres Nuevas", "Gozosa Proclamación".

En la antigüedad griega evangelio se usaba para designar, "La recompensa dada a un mensajero por traer "buenas noticias" y también "los sacrificios hechos a los dioses cuando se recibían las buenas noticias". Hasta aquí sólo indicaba una recompensa por la noticia traída, y no la noticia misma.

Después llegó a significar la buena nueva de una victoria en la guerra, o todo lo relacionado al emperador como: su nacimiento, su mayoría de edad, la subida al trono, la visita a algún lugar o provincia, etc. Todo era considerado como "buena nueva", pues representaba, como se esperaba, el inicio de algo mejor. También llegó a significar cualquier tipo de noticias.
En el antiguo Testamento, el termino hebreo "besorah", que es equivalente a evangelio o buenas noticias, tiene un uso muy extenso. Se usa en la unción del rey (lo. Reyes 1:42-43) en el nacimiento de un niño (Jer. 20:15), para anunciar una victoria (2º Sam. 18:19, 1º Sam. 31:9).

Muy especialmente se usa para anunciar la salvación realizada por Dios (Sal. 40:10 y 96:2) y para anunciar una nueva era que se realizará con la venida del Mesías a su pueblo (ls. 40:9, 52:7-10, 60:6, 61:1).

Al llegar al Nuevo Testamento, la buena noticia, es anunciada por los hechos y palabras de Jesús, que está comenzando a cumplir las promesas hechas por Dios. (Marc. 1:14-15, Mat. 11:2-5, Luc. 7:20-22). Evangelio se convierte en el resumen del mensaje cristiano (Marc. 1:1, 1ª Cor 15:1, Mat. 4:23, 9:35, 24:14) y en la predicación apostólica, Jesús (Hech. 5:42, 8:35, 11:20, 15:35).
Llegamos pues al significado capital de la palabra Evangelio: "Es la proclamación gozosos de la acción redentora de Dios en Cristo Jesús, para salvar al hombre de la esclavitud del pecado" (Rom. 1:16-17, Juan 3:16, Rom. 3:23-24).
Todo este mensaje relacionado a Jesús, quedará registrado en los evangelios y el resto del Nuevo Testamento (Marc. 1:1, Juan 20:31) como testimonio al mundo.

EVANGELIO: SU CONTENIDO

La Preparación.
La buena nueva, traída por Jesús la prosiguieron los apóstoles, a quienes Jesús escogió como discípulos. Para enseñarles y enviarles a predicar (Marc. 3:14, Luc. 1:2, Hech. 1:21-22), habiendo estado desde el principio con él, los apóstoles se convirtieron en los testigos de sus hechos y sus palabras. Los cuales proclamarían para su salvación (Luc.1:2 ,24.48, 1ª Juan 1:1-3. 2ª, Pedro 1:16-18).
La convicción apostólica de proclamar el mensaje de Jesús, nació a raíz de haberle visto resucitado y haber recibido el poder del Espíritu Santo (Luc. 24: 34, 44-45, Juan 1: 21-22, Hech. 1: 8, 5: 32). Desde entonces, Jesús es proclamado como Cristo y Señor (Rom. 10:9, Hech. 2:36) y eso predicarán todos sin cambiar, pero el evangelio es sólo uno: Jesús (1ª Cor 15:11, Ef. 4:5, Gál. 1:5-7). Los apóstoles cumplieron con esta orden, enseñando y proclamando a Jesús entre el pueblo y después a las naciones. (Mal. 28:19 -20, Hech. 1:8, 2:42).

I: LA PROCLAMACION DE JESUS: ELREINO DE DIOS.

Al desarrollar Jesús su ministerio, él hablaba de la cercanía e incluso de la presencia del Reino de Dios, eso es lo que registran los evangelios y el libro de los Hechos, (Mat. 4:23, Marc. 1:14-15, Luc. 4:21,43, Hech. 1:3).
Con sus palabras y hechos, la bendición del cielo estaba llegando a la gente y la condición para disfrutarla era creerle a Jesús. (Juan 20:30, Luc. 4: 18).
Jesús ilustró el concepto del Reino de muchas maneras: como levadura que fermenta la masa (Mat. 13:33), como semilla que se siembra (Mat. 13:1-13), como un grano de mostaza que siendo planta se hace grande (Mat. 13:31-32). En algunos momentos declara el. Reino ya presente (Luc. 17:20-21) y en otros Lo pinta como algo a lo que estamos invitados y que llegado el momento participarán los que aceptaron la invitación (Luc. 14:16-24) Desde este punto de vista, Jesús anunciaba la intervención divina con sus actos y palabras y todo aquel que le aceptaba, se iniciaba en su vida una nueva relación con Dios, por decirlo así, el Reino de Dios llegaba a su vida y era completamente nueva, aún esperaba un día ver realizado todo lo demás, el contemplarle cara a cara (lª Juan 3:2).

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II: LA PROCLAMACION DE LOS APOSTOLES: JESUS.

Hablando del contenido de la predicación primitiva, notamos un giro en la proclama de los apóstoles. Jesús había enseñado, explicado y proclamado el Reino de Dios, y de pronto, al morir Jesús y resucitar, y al derramar el Espíritu Santo sobre sus discípulos, Jesús aparece como la buena nueva para Israel y para el mundo, pues en él se cumplían todas las promesas; la desesperanza, el dolor, el pecado y la muerte, tenían su respuesta en él. Jesús era lo que por siglos habían esperado.
Los evangelios sinópticos, el libro, de los hechos, y en parte Juan, nos presentan el orden de la predicación primitiva en cuanto a Jesús.
El discurso de Pedro en casa de Cornelio, nos da un resumen del esquema de ese mensaje: su vida llena del Espíritu Santo y realizando toda clase de prodigios para bien de la gente oprimida y necesitada, su muerte en la cruz, su resurrección de la tumba, lo convertía en Señor de todos; de lo cual todos los apóstoles eran testigos: (Hech. 10:34-39) El orden de estos eventos, se narra una y otra vez, en los diferentes discursos (Hech. 2:22-24, 32, 36,3:13-15,5:30-32,10:38-41,13:27-31) además (Luc. 24:13-48, 1ª Cor 15:3-9,45).
Siguiendo este orden de proclamación están escritos los evangelios sinópticos, dando un gran espacio narrando sus hechos y palabras, y donde todos coinciden incluso Juan, es que Jesús fue entregado por las autoridades judías a los romanos para que lo ejecutaran y lo hicieron en una cruz. Y fue sepultado después, siguen los relatos de resurrección y las apariciones de Jesús a los diferentes discípulos, hasta que eso quedó perfectamente claro. El se había levantado de la tumba.
Por esa razón, ahora todo el poder en el cielo y en la tierra le había sido dado y era Señor y Mesías. Los discípulos al recibir el Espíritu Santo reconocieron todo eso y se constituyeron en testigos de lo que habían acontecido a Jesús y lo que ahora era.
Podríamos pues decir, que el contenido de la predicación primitiva, consistió en proclamar a Jesús, como Señor y Mesías en virtud de su vida (hechos y palabra), de su muerte redentora, de su resurrección gloriosa y de su regreso a la diestra del Padre, de donde regresará a recompensar a los que hayan creído ese anuncio.

III. EVANGELIO: SU LUGAR EN LA DOCTRINA CRISTIANA.

Haremos notar ahora, las dos partes de la enseñanza en la Iglesia para descubrir sus funciones, su diferencia y su relación.
Cuando hablamos de enseñanza o adoctrinamiento, debemos dividirla en dos partes:

Primero: El Kerigma.


Se trata de lo primero, con lo que se inicia. Y se usa una palabra griega que significa proclamar, gritar (keryssein). Se trata del primer anuncio, y su contenido es la presentación de Jesús muerto, resucitado y glorificado y como Mesías, Señor y Salvador. Este anuncio tiene el propósito de que la gente llegue a nacer a nueva vida aceptando a Jesús.
Este primer anuncio es el mensaje de vanguardia, el primer encuentro de Dios, es como el toque de vida a los corazones nuestros, el inicio de algo nuevo e inicio de la vida misma, es un encontrarse con Dios a través de Jesús y lograr la. Reconciliación y la paz. Este primer anuncio Es la proclamación gozosos de la acción redentora de Dios en Cristo Jesús, para salvar al hombre de la esclavitud del pecado" (Rom. 1:16-17, Juan 3:16, Rom. 3:23-24). Y exaltar las cualidades del que había muerto y resucitado para justificación y salvación de los hombres, es proclamado por los apóstoles, quienes son llamados evangelistas ya que ellos gritaban en las plazas o caminos las buenas nuevas de Cristo Jesús.

Segundo: La Profecía.

Se trata de lo segundo, dentro de la proclamación del Evangelio y proviene de la palabra griega ?prophetein? (significa ver o hablar en futuro), y esta se realizaba en las sinagogas judías, siempre por parte de los sacerdotes y es heredada a los apóstoles quienes siendo envestidos por el Espíritu Santo, hablan en lugar de Jesucristo a la iglesia exhortandoles, consolandoles y edificándoles para cuidar su salvación día a día (1ª Cor14:1-4).
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IV. El Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento consta de 27 documentos escritos entre el 50 y el 150 d.C., dedicados a cuestiones de creencias y prácticas religiosas en las comunidades cristianas del mundo mediterráneo. Aunque hay quienes han señalado que en estos Documentos subyacen originales en arameo (en especial el Evangelio de Mateo y la Epístola a los Hebreos), todos ellos llegaron hasta nosotros en griego, quizá el idioma original en que fueron redactados. Texto, canon y primeras versiones
Durante un tiempo algunos eruditos cristianos consideraron al griego del Nuevo Testamento como un género especial de idioma religioso, concebido por la providencia como el vehículo óptimo para la fe cristiana. Hoy ha quedado en evidencia, a partir de escritos extrabíblicos del periodo, que el idioma del Nuevo Testamento es el koiné o griego común, que se utilizaba en los hogares y mercados.

Manuscritos y crítica textual

Los manuscritos griegos del Nuevo Testamento que han llegado hasta nuestros días, completos, parciales o en fragmentos, suman unos 5.000. Sin embargo, ninguno es autógrafo, original de su autor. Es probable que el más antiguo sea un fragmento del Evangelio de Juan, datado en torno al 120-140 d.C. Las similitudes entre estos manuscritos son más notables si se consideran las diferencias cronológicas y los referidos a su lugar de origen, así como los métodos y materiales de escritura. Sin embargo, entre las divergencias se incluyen omisiones, adiciones, terminología y orden de las palabras.
Comparar, evaluar y fechar los manuscritos; organizarlos en grupos afines y desarrollar criterios para evaluar cuál es el texto que tiene más probabilidades de corresponderse con el que en verdad escribieron sus autores, son tareas propias de los críticos. Para sus evaluaciones se sirven de miles de citas de las escrituras que aparecen en las obras de los primeros Padres de la Iglesia y en una serie de antiguas traducciones de la Biblia a otros idiomas. El fruto del trabajo de los críticos textuales es una edición del Nuevo Testamento en griego que ofrece no sólo el que se considera el mejor, sino que también incluye notas que indican versiones divergentes en los principales manuscritos. Estas variantes suelen aparecer en las traducciones como notas al pie en las que se indica qué opinaban sobre el particular otras autoridades antiguas (véanse, por ejemplo, Mc. 16,9-20; Jn. 7,53-8,11; He. 8,37). Las ediciones críticas del Nuevo Testamento griego han venido apareciendo con cierta regularidad periódica a partir de la obra del erudito holandés Desiderio Erasmo de Rotterdam (siglo XVI).

Escritos precanónicos

Los 27 libros del Nuevo Testamento no son más que una fracción de la producción literaria de las comunidades cristianas en sus primeros tres siglos. Los principales tipos de documentos del Nuevo Testamento (evangelios, epístolas y Apocalipsis) fueron muy imitados, atribuyéndose los nombres de los apóstoles u otras figuras señeras a escritos concebidos para llenar el vacío del Nuevo Testamento (por ejemplo, sobre la infancia y juventud de Jesús) y satisfacer el apetito de más milagros, así como para alegar revelaciones más novedosas y completas. Durante esta época circularon hasta 50 evangelios. Muchos de estos escritos cristianos no canónicos han sido recopilados y publicados como Apócrifos del Nuevo Testarnento.
El conocimiento de la literatura de este periodo se amplió en gran medida gracias al descubrimiento en 1945, de la biblioteca de un grupo cristiano herético, los gnósticos, en Nag Hammadi, Egipto. Esta colección, escrita en copto, ha sido

Traducida y publicada. Los especialistas han prestado especial atención al Evangelio de Tomás; uno de los 12 apóstoles que pretende recoger los proverbios, 114 en total, que Jesús le transmitió en persona.

El canon

No existen registros claros para documentar cuáles fueron los elementos determinantes para que la Iglesia adoptase un canon oficial de los textos cristianos, ni tampoco de su proceso de formación. Para Jesús y sus seguidores, la Torá, Profetas y los Hagiográficos del judaísmo eran las 'Santas Escrituras'. Sin embargo, la interpretación de estos escritos estaba regida por las obras, las palabras y la persona de Jesús tal y como las comprendieron sus fieles, A los apóstoles que conservaron las palabras y hechos de Jesús y que continuaron su misión se les atribuyó una autoridad especial. Que Pablo, por ejemplo, pretendiera que sus epístolas fuesen leídas en voz alta en las iglesias e incluso intercambiadas entre éstas (Col. 4,16; 1 Tes. 5,26 y ss.) indica que en las comunidades cristianas se estaban desarrollando nuevas normas sobre las creencias y la práctica religiosa. Esta norma constaba de dos partes: el Señor (conservado en los "Evangelios") y los Apóstoles (sobre todo en las "Epístolas").
Seguir el rastro de la historia de la evolución del canon del Nuevo Testamento tomando como guía los libros mencionados o citados por los primeros Padres de la Iglesia constituye un proceso incierto, ya que es más lo que silencia que lo que declara. Al parecer, el primer intento de establecer un canon tuvo lugar en torno al 150 d.C., por obra de un cristiano herético de nombre Marción, cuya aceptable relación incluía el Evangelio de Lucas y 10 epístolas paulinas, editados con una fuerte orientación antijudía. Quizá la oposición a Marción fue la que dio impulso a los esfuerzos tendentes a elaborar un canon aceptado de forma general.
Tal vez hacia el 200 d.C., 20 de los 27 libros del Nuevo Testamento se consideraban autorizados. Aquí y allá prevalecían preferencias locales, existiendo algunas diferencias entre las Iglesias occidental y oriental. En general, los libros que durante un tiempo fueron objeto de polémica, aunque más tarde se incluyeron en el canon, eran Santiago, Hebreos, 2 Juan, 3 Juan, 2 Pedro y Apocalipsis. Otros libros que gozaron de amplia aceptación popular aunque al final resultaran rechazados, fueron Bernabé, 1 Clemente, Hermas (el pastor) y el o la Didajé (o escrito de los 12); los autores de estos libros suelen ser denominados Padres Apostólicos.
La carta pastoral 39 que san Atanasio, obispo de Alejandría, envió a las iglesias que se hallaban bajo su jurisdicción en el año 367, acabó con toda duda acerca de los límites del canon del Nuevo Testamento. En dicha carta pastoral, que se conserva en una colección de los mensajes anuales de la Cuaresma dictados por Atanasio, relaciona como canónicos los 27 libros que siguen siendo los constitutivos del Nuevo Testamento, aunque los organizó de forma diferente. Estos libros del Nuevo Testamento, en su orden actual, son los cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan), Hechos de los Apóstoles, Romanos, 1 Corintios, 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1ª Tesalonicenses, 2ª Tesalonicenses, 1ª Timoteo, 2ª Timoteo, Tito, Filemón , Hebreos, Santiago, 1ª Pedro, 2ª Pedro, 1ª Juan, 2ª Juan, 3ª Juan, Judas y Apocalipsis.

Primeras versiones

Por cuanto el Nuevo Testamento se escribió en griego, la historia de la transmisión del texto y de la determinación del canon suele pasar por alto las primeras versiones,

muchas de las cuales son anteriores al texto griego más antiguo que ha llegado a nuestros días. La rápida expansión del cristianismo más allá de las regiones en las que prevalecía el griego requirió traducciones al siríaco, al latín antiguo, al capto, al gótico, al armenio, al georgiano, al etíope y al árabe. Las versiones en siríaco y latín aparecieron ya en el siglo II y las traducciones al capto comenzaron a aparecer en el siglo III. Estas primeras versiones no eran, en modo alguno, traducciones oficiales, aunque se hicieron para suplir las necesidades regionales de culto, predicación y enseñanza. En consecuencia las traducciones quedaron ancladas en dialectos locales y a menudo incluían sólo partes seleccionadas del Nuevo Testamento. Durante los siglos IV y V se hicieron esfuerzos por reemplazar estas versiones regionales por traducciones más homogéneas que tuvieran una mayor aceptación. En el 382, el papa Dámaso I encargó a san Jerónimo la preparación de una Biblia en latín. Conocida con el nombre de Vulgata, la cual reemplazó a varios textos en latín antiguo. En el siglo V la Pesitta siríaca sustituyó a las versiones existentes en este idioma, que a la sazón eran las más populares. Como suele ser el caso, con gran lentitud las antiguas versiones cedieron su lugar a las nuevas.
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V. LA LITERATURA DEL NUEVO TESTAMENTO.

Desde un punto de vista literario los documentos del Nuevo Testamento pueden clasificarse en cuatro tipos o géneros principales: evangelios, historia, epístolas y Apocalipsis. De los cuatro sólo los evangelios responden en apariencia a un estilo literario que tuvo su origen en la comunidad cristiana.

Evangelios
Un evangelio no es una biografía aunque guarde algunas semejanzas con las biografías de héroes, humanos o divinos, del mundo grecorromano. Un evangelio es una serie de reseñas individuales de hechos o dichos, cada una de las cuales mantiene una cierta unidad, aunque estén organizados con el objeto de crear un efecto acumulativo. Al parecer, los autores de los evangelios tuvieron cierto interés en resaltar el orden cronológico, aunque no fue una de sus prioridades. Lo que influyó en mayor medida sobre la organización del material fueron los temas teológicos y las necesidades de los lectores. Por ello podría esperarse que, aunque los cuatro evangelios del Nuevo Testamento se centran en la vida de Jesús de Nazaret y los cuatro son evangelios desde el punto de vista literario, existen diferencias entre ellos. Y así es. A excepción de los relatos del arresto, juicio, muerte y resurrección de Jesús (episodios similares en los cuatro libros), los evangelios difieren en importantes detalles, perspectivas y énfasis de interpretación.
Sobre estos particulares es el Evangelio de San Juan el que más se distingue de los demás. En este Evangelio Jesús aparece descrito de forma más obvia como divinidad omnisciente, omnipotente y omnipresente. Los otros tres se denominan Evangelios Sinópticos (vistos juntos) porque a pesar de sus diferencias, si se organiza en columnas paralelas el texto de Mateo, Marcos y Lucas, sus coincidencias son tales que pueden apreciarse de un modo visual, hasta tal punto que han generado numerosas hipótesis acerca de sus relaciones. La opinión especializada más difundida sostiene que Marcos fue el primer Evangelio que se escribió y sirvió como fuente inspiradora para Mateo y Lucas. Lo más probable es que estos dos últimos recurrieran a otros textos además de la tradición oral y experiencias vividas que son la base de esta fuente común, una hipótesis basada en la gran cantidad de material común que no se encuentra en Marcos. Esta fuente, que existe sólo en la teoría ya que no ha podido ser identificada, ha sido denominada Q, o Quelle (en alemán, 'fuente'). En su prólogo el autor del Evangelio de Lucas dice haber investigado numerosas narraciones sobre Jesús (Lc. 1,1-4).

Historia
La mejor representación de la narración histórica en el Nuevo Testamento se halla en Hechos de los Apóstoles, el segundo de dos volúmenes (en ocasiones denominados Lucas-Hechos) atribuidos a san Lucas. Estos dos libros relatan la historia de Jesús y de la Iglesia que surgió en su nombre como una narración continua, centrada en la historia de Israel y del Imperio romano. La historia se presenta desde el punto de vista teológico, es decir, que interpreta el proceder de Dios en un acontecimiento concreto o con una determinada persona. Hechos se destaca en el Nuevo Testamento por recurrir a la narración histórica como vehículo para la proclamación de la fe cristiana.

Epístolas
En el mundo grecorromano la epístola o carta constituía un estilo literario bastante generalizado y constaba de la firma, dirección, saludo, alabanza o acción de gracias, el mensaje y la despedida. San Pablo encontró que este estilo congeniaba con respecto al que mantenía para dirigirse a las iglesias que había fundado, y resultaba de lo. Más cómodo y didáctico para un apóstol itinerante. Este estilo adquirió gran popularidad en la comunidad cristiana y fue empleado por numerosos jerarcas y escritores de la Iglesia. Las epístolas que escribieron, algunas de las cuales aparecen en el Nuevo Testamento, son en realidad sermones, exhortaciones o tratados apenas encubiertos por los rasgos del género epistolar.
Escritos apocalípticos
Los escritos apocalípticos aparecen en todo el Nuevo Testamento, pero su uso es predominante en el libro llamado Apocalipsis (o Revelación). Por lo general, los Apocalipsis se escribieron en épocas de graves crisis de una comunidad, tiempos en los que la gente mira más allá del presente y de lo humano en busca de ayuda y esperanza. Esta literatura es muy visionaria, simbólica y pesimista en cuanto a la situación global del mundo y esperanzadora sólo en términos de lo invisible que está más allá de lo material y de la victoria que está más allá de la historia. Las visiones del fin del mundo se caracterizan por la retribución y la recompensa a los justos. Al parecer, Apocalipsis fue escrito durante la persecución desencadenada contra los cristianos bajo el emperador romano Domiciano (81-96 d.C.).

Formas literarias
Dentro de estos cuatro estilos literarios principales, aparecen diversas formas: poemas, himnos, fórmulas confesionales, proverbios, historias milagrosas, bienaventuranzas, diatribas, listas de obligaciones, parábolas, etcétera. Los estudios recientes han prestado gran atención a la forma literaria no sólo como elemento imprescindible para la comprensión del contenido, sino también como vehículo mediante el cual el lector puede compartir la experiencia creada en determinado pasaje. Las formas tienen el poder de crear mundos y definir relaciones, y no son meros accesorios del contenido.
En las obras de los especialistas bíblicos de antaño se prestaba gran atención a la parábola, que durante siglos fue considerada como una alegoría. A finales del siglo XIX el científico bíblico alemán Adolf Jülicher adoptó una nueva orientación para realizar la interpretación de las parábolas. Insistió en que las parábolas del Nuevo Testamento deben ser entendidas como símiles reales más que como alegorías. Así, sostuvo que los relatos de Jesús deben entenderse como ejemplos cuyo significado podía volverse a enunciar formulando temas o propuestas sencillas.
Las parábolas han llegado a ser aceptadas como obras del arte literario con una fuerza y función similar a la de la poesía, por lo cual no deben destruirse parafraseándolas, resumiéndolas ni compendiándolas. Como arte literario, una parábola no se limita a presentar su argumento, sino que además actúa sobre el lector, creando, modificando o incluso rechazando una determinada concepción de la vida y de la realidad. También se están efectuando estudios académicos de otras formas literarias del Nuevo Testamento.

La historia en el Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento no es una colección de máximas, reflexiones y meditaciones desvinculadas de la realidad histórica. Por el contrario, sus documentos se centran en una figura histórica, Jesús de Nazareth, y aluden a los problemas que debieron enfrentar sus seguidores en una gran diversidad de contextos específicos dentro del Imperio romano. No obstante, esta preocupación por los acontecimientos, los personajes y las situaciones históricas no significa que el Nuevo Testamento se someta a intereses históricos o cronológicos en exclusiva.

Determinación del contexto cronológico amplio
La reconstrucción histórica del periodo basada en las fuentes del Nuevo Testamento presenta una serie de dificultades. En primer lugar, los documentos están organizados según un criterio teológico, y no desde una perspectiva cronológica. Los evangelios están situados en primer lugar porque relatan la historia de Jesús, aunque fueron escritos entre el 70 y el 90 d.C., hasta unos 60 años después de su muerte. Hechos de los Apóstoles data también de esta época. Sin embargo, las epístolas de Pablo son anteriores y han sido situadas en la década entre el 50 y el 60 d.C., ya que fueron compuestas en el transcurso de la obra misionera de Pablo. Los demás libros, que pueden datarse entre el 90 y el 150 d.C., reflejan la situación de la Iglesia en el periodo postapostólico. En segundo lugar, los documentos no demuestran demasiado interés en la historia como proceso cronológico, en parte porque sus autores creían en la inminencia del final de los tiempos. En tercer lugar, el Nuevo Testamento no es un solo libro, sino un compendio eclesiástico, conservado con el propósito específico de emplearse para el culto, la predicación, la enseñanza y la polémica. Cuarto, todos los documentos fueron escritos por defensores de la fe cristiana con el objeto de proclamar e instruir en la fe; en consecuencia, aunque contienen referencias históricas, no constituyen informes históricos. Añádanse a estas dificultades la falta de muchas referencias acerca de Jesús y de sus seguidores en otras fuentes contemporáneas y se comprenderá por qué son escasas las posibilidades de completar una historia detallada.
No obstante, los especialistas coinciden en cuanto al contexto cronológico general. Los principales puntos de apoyo se encuentran en Lucas y Hechos, que sitúan la narración de la vida de Jesús y los comienzos de la Iglesia dentro del contexto de la historia judía y romana. El Evangelio de Lucas afirma que Jesús comenzó su ministerio en el 150 año de reinado de Tiberio (Le. 3,1), que sería el 28-29 d.C. Los cuatro Evangelios coinciden en que Jesús fue crucificado cuando Poncio Pilatos era gobernador de Judea (26-36 d.C.). 'El ministerio de Jesús tuvo lugar entre el 29 y el 30 d.C. si se acepta la versión de que duró un año, o entre el 29 y el 33 d.C. según la teoría de que se prolongó entre tres y cuatro años.

Las narraciones de la infancia
Antes de su vida pública, poco se sabe de Jesús. Era originario de Nazareth de Galilea, aunque tanto Lucas como Mateo sitúan su lugar de nacimiento en Belén de Judea, cuna ancestral del rey David. Sólo los libros de Lucas y Mateo contienen relatos de su nacimiento e infancia, que divergen en numerosos detalles. Lucas (1,5-2,52) narra estos relatos entretejiendo en ellos poemas y canciones prestados del Antiguo Testamento que expresan la preocupación de Dios por los pobres y desheredados. Mateo (1,18-2,23) moldea su relato sobre el modelo de la narración que sobre Moisés recoge el Antiguo Testamento. Así como Moisés pasó su infancia entre los ricos y sabios de Egipto, también Jesús fue visitado y reverenciado por magos ricos y sabios. Así como Moisés huyó y vivió oculto de un malvado rey que pretendía exterminar a los varones hebreos recién nacidos, también Jesús fue salvado de la masacre de Herodes (Herodes el Grande murió en el4 a.C., por lo que es probable que Jesús naciera entre el6 y el4 a.C.).
El resto del Nuevo Testamento guarda silencio acerca del nacimiento de Jesús. En el transcurso de la historia de la Iglesia, algunos cristianos han insistido en que las narraciones de la infancia deben tomarse de forma literal, mientras que otros las han considerado como uno de los muchos modos de expresar la creencia en la relación de Jesús hacia Dios como su Hijo. La tendencia del Nuevo Testamento a proclamar el significado de los acontecimientos sin presentar la versión del narrador sobre los propios hechos siempre ha dado lugar a la disensión entre quienes se dedican a la investigación histórica.

VI. LOS APOSTOLES Y LA IGLESIA PRIMITIVA.
Tras el ministerio de Jesús, descrito en los cuatro evangelios, el movimiento religioso que había alentado quedó bajo la dirección de los 12 hombres que había elegido para ser sus apóstoles. La mayoría desapareció en la oscuridad y la leyenda de los tiempos, aunque tres de ellos se mencionan como líderes continuadores: Santiago, asesinado por Herodes Agripa en el año 44 d.C. (fecha de la muerte del propio rey); Juan, su hermano, que al parecer vivió hasta una edad avanzada (Jn. 21,20-24); y Pedro, uno de los primeros dirigentes de la Iglesia de Jerusalén, que también realizó varios viajes misioneros y, según la tradición, sufrió martirio en Roma a mediados de la década del 60. Además de los tres, Santiago, llamado hermano de Jesús, se destacó en la Iglesia de Jerusalén hasta que fue asesinado durante un motín popular en el 61. Antes del estallido en Jerusalén de la rebelión judía contra Roma en el 66, los cristianos abandonaron la ciudad y no estuvieron implicados en la violencia que destruyó Jerusalén en el 70.
La mayor parte de la atención del registro que aparece en Hechos de los Apóstoles se centra en la figura de Pablo, un judío de Tarso que se convirtió al cristianismo en las cercanías de Damasco entre el 33 y el 35 d.C. Tras 14 años de silencio Pablo comenzó a escribir sus epístolas, realizando una obra misionera que le llevó por Siria, Galacia, Asia Menor, Macedonia, Grecia y Roma. Al parecer, sus días acabaron en Roma en los
Primeros años de la década del 60. Las epístolas de Pablo y Hechos ofrecen al lector algunos datos acerca de la vida de estas primitivas comunidades cristianas y sobre su relación con las culturas hegemónicas.
Los demás libros del Nuevo Testamento aportan escasa información histórica y casi ninguna base para permitir una datación exacta. En general, parecen haber sido escritos por una comunidad de segunda o de tercera generación. En estos documentos, los seguidores inmediatos de Jesús ya han muerto, se han disipado el entusiasmo inicial y las expectativas del regreso definitivo de Jesús para terminar la historia y es evidente la necesidad de preservación, consolidación e institucionalización. Se identifica a los herejes y apostatas, se los ataca y se insta a los miembros a adoptar una tenacidad que les permita enfrentar a las persecuciones por venir. La Segunda Epístola de Pedro, acaso el último de los libros del Nuevo Testamento que se escribió, muestra un vigoroso esfuerzo por restablecer las antiguas expectativas sobre el inminente final de la historia. Este intento de recuperar el celo y la convicción de tiempos pasados es, en sí mismo, el indicio del final de una época.

VII. PRINCIPALES TEMAS DEL NUEVO TESTAMENTO.
Al igual que los temas teológicos del Antiguo Testamento, los del Nuevo tienen un contenido rico y variado.

Dios
En ningún otro tema se refleja de manera más clara o coherente la continuidad entre el Nuevo Testamento y el Antiguo que en las enseñanzas acerca de Dios. Toda opinión sobre que el Dios de Jesús o de la primitiva Iglesia era diferente del Dios del judaísmo fue rechazada como herejía. El Dios del Nuevo Testamento es el creador de toda la vida y sustentador del universo. Este único Dios, origen y final de todas las cosas, toma la iniciativa de atraer con amor a toda la humanidad, celebrando alianzas con quienes respondan a su mensaje y comportándose con ellos de manera justa y misericordiosa, con tino e indulgencia. Dios nunca ha abandonado el mundo vacío de sus testigos, habiéndose revelado en muchas ocasiones, formas y lugares. Pero el Nuevo Testamento sostiene que Jesús de Nazareth es una revelación singular de Dios. La persona, palabras y actividad de Jesús' fueron comprendidos como la comparecencia de sus seguidores ante la presencia de Dios. En los días de sus inicios dentro del judaísmo, la Iglesia pudo asumir la fe y centrarse en el mensaje de Jesús como revelador de Dios. Sin embargo, más allá de los límites del judaísmo, la fe en el único Dios verdadero se convirtió en el elemento básico para la proclamación del cristianismo.

Jesús
El Nuevo Testamento presenta su concepción de Jesús en los títulos, retratos y descripciones de su persona y reseñas de su obra y su palabra. En el contexto del judaísmo, el Antiguo Testamento proporcionó títulos y parábolas que los escritores del Nuevo Testamento utilizaron para transmitir el significado de Jesús a sus discípulos. Fue descrito, por ejemplo, como un profeta igual que Moisés, como rey davídico, como el Mesías prometido, como segundo Adán, como sacerdote igual que Melquisedec, como figura apocalíptica igual que el Hijo del Hombre, como el Siervo Sufriente de Isaías y como Hijo de Dios. La cultura helenista aportó otras imágenes: una divinidad preexistente que bajó a la tierra, realizó su obra y retornó a la gloria; el Señor por encima de todos los emperadores; el mediador eterno de la creación y la redención; la figura cósmica que reúne en sí misma la suma de la creación en un todo armonioso.
Los evangelios presentan el ministerio de Jesús como la presencia de Dios sobre la tierra. Sus palabras revelaron a Dios y al modo de obrar de Dios con su pueblo; sus acciones demostraron el poder curativo de Dios al integrar el cuerpo, la mente y el espíritu; su martirio y muerte son testimonio del inquebrantable amor de Dios; y su Resurrección fue la señal de que Dios aprobaba la vida, la muerte y el mensaje de Jesús. San Pablo y otros discípulos desarrollaron conceptos acerca de la muerte de Jesús como el sacrificio y la expiación por los pecados y presentaron la Resurrección de Jesús como garantía de la resurrección de sus discípulos. Los documentos escritos durante la persecución (1 Pe., Ap.) interpretaron el sufrimiento de Jesús como modelo para los cristianos en la hora del martirio.

Espíritu Santo
Algunos de los profetas de Israel habían caracterizado como 'últimos días' aquellos en los que Dios derramaría su Espíritu sobre la humanidad entera. El Nuevo Testamento sostiene que esta promesa se cumplió en tiempos de Jesús. Por ello, en todo el Nuevo Testamento se menciona el Espíritu de Dios, una expresión que representa la presencia activa de la divinidad. Esta entidad es denominada de diversos modos, como Espíritu, Espíritu Santo, Espíritu Vivificante, Espíritu de Cristo o Espíritu de la Verdad. El Espíritu otorgó la fuerza a Jesús y permitió que la Iglesia continuase lo que Jesús había comenzado a hacer y a predicar. Dentro de cada uno de los discípulos, el Espíritu generó las cualidades adecuadas para esa vida y equipó a la persona para trabajar en aras del bien de la comunidad. Es comprensible que la categoría 'Espíritu' estuviese sujeta a una amplia variedad de interpretaciones, creando problemas en numerosas confesiones. El Nuevo Testamento refleja la lucha en pos de la búsqueda de criterios claros para determinar si una congregación o persona estaba en realidad bajo la influencia del Espíritu Santo.

Reino de Dios
Según el Nuevo Testamento, el mensaje central de Jesús fue el Reino de Dios. Llama al arrepentimiento en preparación para el reino 'inminente'. El Reino de Dios se refería al reino o dominio de Dios y, según las enseñanzas de Jesús, se anuncia que dicho reino está presente. Sin embargo, esta presencia no fue total ni completa, por lo cual en ocasiones se hace referencia a ella como acontecimiento futuro. Los estudiosos del Nuevo Testamento han discutido sobre si Jesús y sus seguidores esperaban o no que el Reino de Dios llegase a estar presente por completo en su generación. La irresolución de este debate queda reflejado en dos expresiones que suelen utilizarse para caracterizar a las enseñanzas del Nuevo Testamento con respecto al reino: 'ya' y 'todavía no'.

Salvación
El Reino de Dios no parece haber sobrevivido como temática central del mensaje de la Iglesia. Según el Nuevo Testamento, la Iglesia no se identifica a sí misma como reino y en sus predicaciones comenzó a hablar cada vez más de la salvación. En este sentido, la salvación era una realidad actual, aunque no en su integridad. La salvación se consumaría en una vida plena, más allá de la lucha, la futilidad y la mortalidad que caracterizan este mundo.
Pablo creía que en el cumplimiento último del propósito de Dios, la salvación alcanzaría dimensiones cósmicas. El reino de la redención coexistiría con el reino de la creación. Ello implicaba que al final, incluso las fuerzas del mal, que habitan los cielos, la tierra y las regiones subterráneas, serán en el plan de Dios dominados. Esta visión final es diferente a la de Apocalipsis, donde el final se caracteriza por la reivindicación y recompensa a los santos, y la condena eterna de los perversos.

Ética
Hasta que ese tiempo llegue los seguidores de Cristo deben manifestar, a través de su conducta y sus relaciones, que están reconciliados con Dios. Tal es el mandato del Nuevo Testamento íntegro, heredado del Antiguo: la vinculación inseparable entre la creencia religiosa y una conducta ética y moral. La Torá, Profetas y Hagiográficos habían insistido sobre esto, y el Nuevo Testamento mantiene su énfasis en ello. La vida terrenal es denominada de diversas formas como recta, santificada, bondadosa, fiel. Los libros del Nuevo Testamento están repletos de instrucciones acerca de esta vida, no sólo en un sentido íntimo, sino también en relación con los vecinos, los enemigos, los familiares, los amos y esclavos, los funcionarios del gobierno y con el propio Dios. Estas instrucciones se inspiran en el Antiguo Testamento, en las palabras y el ejemplo de Jesús, en los mandatos apostólicos, en las leyes de la naturaleza, en las listas de obligaciones familiares y en los ideales de los moralistas griegos. Se entendía que todos estos factores tenían su origen común en Dios, que espera que su propia lealtad sea correspondida con la lealtad de quienes se han reconciliado como familia de Dios.

VIII: LAS CONDICIONES EN TIEMPOS DE JESUCRISTO..

Cuatro Siglos habían pasado desde Malaquias, el Último profeta, y muy grandes cambios habían ocurrido:

(1). IDIOMAS.-El Hebreo; era usado muy poco. Por lo general se hablaba griego popular llamado Koíne en todos los países civilizados.

(2). LOS MACABEOS.-Los excesos de Antioco Epifanes, rey de Siria, que sacrificó una puerca sobre el altar en Jerusalén y erigió ahí un altar a Júpiter, provoco la revolución dirigida por los sacerdotes Macabeo. Después de mucha guerra, civil el país pasó a manos de los romanos.

(3). RELIGION.- En tiempos antiguos los judíos siempre estaban en peligro de caer en la idolatría; pero el, castigo de la cautividad en Babilonia les quitó de raíz aquella ten¬dencia, y, desde aquel tiempo ellos fueron monoteístas muy intolerantes. En lo "exterior era muy, ortodoxos, edificaban mu¬chas sinagogas para el culto de Dios; y las llenaban todos ¬los sábados con congregaciones devotas; Pero en lo interior¬ eran corruptos, sin ningún profeta y sin contacto vital con Dios.

(4). LAS SECTAS.-
(a) LOS FARISEOS. Hombres muy religiosos y ¬muy ortodoxos en su Ley. La mayor parte de los escribas per¬tenecían a esta secta Estos eran los que copiaban los libros del A. T. Los-interpretaban y enseñaban a la gente común. Eran religiosos celosos por su Ley y muy orgullosos. Eran los principales perseguidores de Jesús. Mat.23, Lc.16: 15.

(b) LOS SADUCEOS. Representaban las clases mas altas y ricas, no creían. En la resurrección ni en los espíritus. Eran los racionalistas de aquel entonces. Protestaban en contra de la hipocresía de los fariseos, tenían fe en los cinco libros de Moisés, pero no aceptaban muchas de las interpretaciones ni las tradiciones de los escribas.

(c) LOS HERODIANOS. Un partido extremo que salió .¬de los saduceos, no religiosos, sino político. Eran partida¬rios de Herodes y de los romanos.

(5). EL PUEBLO DE DIOS.- A pesar de toda su corrupción, Su hipocresía y su intolerancia, eran hijos de Abraham y creían ¬firmemente en el único Dios. Entre ellos hubo muchos piadosos que en verdad esperaban a su. Mesías (guiados probablemente por las profecías de Daniel, y sabiendo que el tiempo de Su manifestación se acercaba) y estaban siempre estudiando las Escrituras procuraban el volver los corazones de la gente hacia su Dios.

(6). LAS CONDICIONES POLITICAS. Cesar Augusto era emperador de Roma, Galilea y Perea (al oriente del Jordán) eran gober¬nadas por reyes inferiores hijos de Herodes Magno (El Grande), bajo cuyo ¬dominio nació Jesús.
Soldados romanos marchaban por las calles de Jerusalén y los estandartes de Roma ondeaban, sobre el país. A las puertas ¬de cada pueblo se sentaban los recaudadores de impuestos ro¬manos los publícanos tan despreciados por los demás judíos porque ellos habían entrado en el servicio de los conquista¬dores. El Sanedrín o Sinedrio de los judíos era su Corte Su¬prema, pero en realidad los romanos no le concedieron mucha ¬autoridad.

(7). EL GRUPO ALREDEDOR DEL NIÑO JESUS.- Este grupo representó en miniatura toda la historia futura de Cristo:
(a) Los pastores el pueblo común.
(b) Simeón y Ana: los adorado¬res devotos.
(c) Los magos: el mundo gentil.
(d) Herodes: los poderes políticos del mundo.



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